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UN EXTRAÑO ENVÍO, Julia Otxoa

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JULIA OTXOA, Un extraño envío (Relatos breves), Menoscuarto, Palencia, 2006, 168 páginas.

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LENGUAJE 

   Estamos los dos sentados en un pequeño plató de televisión, dos cámaras nos enfocan. El entrevistador me hace preguntas para un programa cultural al que he sido invitada como escritora. Él no escucha mis res-puestas, no parecen interesarle lo más mínimo; sólo espera a que yo termine de hablar para dispararme la siguiente pregunta, que lee nervioso de unos folios que mantiene sobre sus rodillas. 
   Así que, harta de este estado de cosas, en un momento de la conversación yo también desconecto, y cuando vuelve a preguntarme, contesto algo que no viene a cuento. Pronto mantenemos entre ambos una conversación totalmente absurda. 
   Extrañamente, es en ese preciso instante cuando el entrevistador y yo nos sentimos más próximos, tanto que incluso podemos llegar a vernos, arropados los dos en nuestros mutuos lenguajes sin sentido. 

CUESTIÓN DE TIEMPO, Carmen Peire

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CARMEN PEIRE, Cuestión de tiempo, Menoscuarto, Palencia, 2017, 144 páginas.

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ALICIA SEGÚN CHUANG TZÚ
Homenaje a José de la Colina

   Al despertarse, Alicia atravesó el espejo en el día de su no cumpleaños y su no regalo fue la duda de si era ella quien se reflejaba o si en el reflejo era la reina de corazones.

CONFESIONES DE UNA MOSCA, Julia Otxoa

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JULIA OTXOA, Confesiones de una mosca, Menoscuarto, Palencia, 2018, 104 páginas.

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EL NOTARIO DE LOS NUEVOS TIEMPOS

   El notario de los nuevos tiempos buscaba una perla en las entrañas del cerdo y se encontró de pronto con su equivocación: confundir a las ostras con los puercos, pero no se dio por enterado y siguió adelante. Muchos de sus seguidores realmente llegaron a pensar que los equivocados eran los que defendían las perlas en el interior de las ostras. El error del notario se llevó a muchos cerdos por delante sin haber encontrado en su interior una sola perla, a pesar de todo sus seguidores siguen excavando en las entrañas del cerdo, posiblemente hasta que la comunidad porcina, harta de ser masacrada de forma tan gratuita, se organice y comience también a buscar perlas en el interior de los humanos.

PEQUEÑAS SEDICIONES, Javier Vela

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JAVIER VELA, Pequeñas sediciones, Menoscuarto, Palencia, 2017, 64 páginas.
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ANTES DEL FIN DEL MUNDO

   Un meteorito había colisionado contra el planeta Tierra sin  el  menor  estrépito.  Un  par  de  horas  más  tarde,  sin embargo,  todos  los  noticiarios  profetizaban  el  apocalipsis. Miles de botiquines de primeros auxilios fueron ávidamente  dispensados.  El  precio  del  petróleo  marcó cifras  insólitas.  Ana  pidió  permiso  en  el  trabajo  para pasar más tiempo con sus hijos. Stefan y su novio se besaron como si se tratase de la última, de la primera vez. La gente comenzó a salir de casa con un raro calambre de entusiasmo.  A  veces  sonreían.  A  veces  simplemente  se sentaban sobre un palmo de césped y esperaban a la salida del sol. Lo que llamamos mundo, lejos de extinguirse, giró sobre sí mismo con renovado ímpetu. El meteorito nunca apareció.

YO TAMBIÉN SOY SHEREZADE, José de la Colina

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JOSÉ DE LA COLINA, Yo también soy Sherezade, Menoscuarto, Palencia, 2016, 160 páginas.

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En esta antología, realizada por Fernando Valls, se ofrece una representativa y notable muestra de los microrrelatos de José de la Colina, un referente en el ámbito de la narrativa breve.

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ATILA

   Batalló con sus huestes en estepas fogosas o heladas y en praderas y en bosques umbríos, fue el terror de sus tiempos y venció a reinos de Oriente y Occidente, pero, como por donde pisaba su caballo no volvía a brotar la hierba, descubrió un día que el verdadero, obstinado e invencible perseguidor era el Desierto.

PERSONAJES SECUNDARIOS, Manu Espada

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MANU ESPADA, Personajes secundarios, Menoscuarto, Palencia, 2015, 100 páginas.

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En Personajes secundarios, héroes clásicos, protagonistas de la Historia o estrellas de cine desfilan por unas páginas donde toda narración es posible, donde la literatura es a la vez hogar y herramienta a la hora de compartir y (re)descubrir el mundo. La imaginación, los juegos tipográficos o intertextuales van entretejiendo una búsqueda ya esbozada en los títulos de las tres secciones que organizan el libro (El silencio, El ruido, La palabra); una búsqueda que se construye, y en especial se disfruta, en cada uno de los textos de este maestro de la narrativa breve.

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CAMBIO CLIMÁTICO

   El hombre del tiempo predijo una borrasca de letras «e». Me puse las katiuskas y salí a la calle. Todo comenzó con un leve sirimiri. Unas pequeñas y finísimas «es» Times New Roman cuerpo siete mojaron mi pelo. Abrí los brazos y un chaparrón de Tahoma veinte (mayúsculas) me caló hasta los huesos. Emocionado, chapoteé en un charco de «es» Courier New en negrita hasta que se pusieron en cursiva. Tras dos días de incesantes chubascos, el viento alejó los oscuros nubarrones de Arial Black. Ahora brilla el sol y el hombre del tiempo predice una feroz sequía. Mientras escribo este texto compruebo, aterrado, cómo comienzan a evaporarse hacia la página anterior las «es» de los jardines, de los carteles, de los letreros, de las canciones, de los sermones, incluso de este mismo cu nto.

EL CRUJIDO DE LA SEDA, Lilian Elphick

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LILIAN ELPHICK, El crujido de la seda. Antología de microrrelatos, Menoscuarto, Palencia, 2016, 88 páginas.
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Gemma Pellicer es la responsable de una edición que acerca al lector español la microficción de Lilian Elphick, a través de la selección de textos publicados por la autora chilena entre 2007 y 2013.

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EL CRUJIDO DE LA SEDA I

   —Entonces, ¿qué arma prefiere?
   —Navaja.

   —¿Dónde?

   —Aquí.
   —Ahí sale más caro.
   —No importa. ¿El cheque se lo hago cruzado o abierto?
   El hombre rió.
   —Sólo efectivo. Mire, allí hay un dispensador de dinero. La espero. No tengo apuro.
   La mujer puso el fajo de billetes en el bolsillo de la chaqueta del hombre. Él la llevó a un callejón sin salida para proceder con el encargo. Ella se sacó el pañuelo de la cabeza. Estaba totalmente calva. El hombre sintió lástima y fue rápido. Recogió el pañuelo haciéndolo crujir; luego, lo puso en la cara de la mujer y caminó hasta el terminal de buses. Antes, le regaló sus guantes a un pordiosero.

LA LENGUA DE LOS AHOGADOS, Fernando Clemot

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FERNANDO CLEMOT, La lengua de los ahogados, Menoscuarto, Palencia, 2016, 160 páginas.

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EDAD

   Tengo la misma edad que mi padre en 1979. 
   Recuerdo cómo era él entonces y me veo conduciendo de noche, en una carretera llena de baches y rectas interminables. El haz de luz ilumina el pasto de los márgenes de la carretera. Voy con mi mujer al lado y con mis dos hijos atrás: uno adolescente y el otro todavía un crío. Trato de adivinar en qué me parezco a él. 
   Conduzco a ciegas, sin pasado ni futuro. Imagino cómo hubiera sido yo si hubiera sido él. 
   Un fogonazo de luz y otro de oscuridad. 
   Ahora. Entonces. 

UN CENTÍMETRO DE SEDA, Darío Hernández

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DARÍO HERNÁNDEZ, Un centímetro de seda, Menoscuarto, Palencia, 2016, 104 páginas.


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En Orígenes históricos del microrrelato español. Del Modernismo a las Vanguardias  (pp. 11-24), Darío Hernández, editor de esta Antología del microrrelato español. Orígenes históricos: Modernismo y Vanguardia, rastrea en revistas literarias las primeras manifestaciones de microficción de estos catorce pioneros: Juan Ramón Jiménez, José Moreno Villa, Ramón Gómez de la Serna, Benjamín Jarnés, Jorge Guillén, Antonio Espina, José Bergamín, Federico García Lorca, Ernesto Giménez Caballero, Luis Buñuel, Enrique Jardiel Poncela, Samuel Ros, José María Hinojosa y Francisco Ayala. 
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LA ESPERA COLMADA

   A deshora, por la puerta que no sabía nada de ella, como alguien cabalmente nuevo, entró de pronto. Se dijo él —y estaba viéndola—: ¿Será ella? Lo era. Y por eso, porque la juzgaba tan desconocida. ¿Quién sino ella poseería tal arrebato de novedad? Porque sólo ella coronaba la espera preparatoria, cuando citaba a todas sus pujanzas para reforzar el equilibrio prodigioso de aquella casi presencia.
   Tan agudamente se la representaba durante el exal­tado atildamiento de la espera, que convertía en algo inverosímil, de tan arduo, la probabilidad de la llegada, no obstante innminente. ¡Qué precario ese instante de ventura! Se le desmoronaba ya en su misma plenitud. Y en su sobresalto sostenía con la diestra aquella fragili­dad fabulosa. ¡Oh, cuán vivas, en cambio, ella y su figu­ra allí, con él! Y dudaba. ¿Llegaría, por fin, ella, col­mando lo que estaba a tal punto colmado? ¿Cómo? Diez, siete, cinco rayitas del reloj separaban todavía de la figura de su espera a la supuesta figura que aparece­ría de bulto.

Jorge Guillén

LLENAD LA TIERRA, Juan Carlos Márquez

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JUAN CARLOS MÁRQUEZ, Llenad la Tierra, Menoscuarto, Palencia, 2012, 166 páginas.


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A Márquez le bastan dos o tres páginas para componer en estos veintitrés relatos historias que capturan, sin artificios, al lector.
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AMIGOS

   Un hombre con la ropa hecha jirones que hedía a vino barato me paró ayer en el vestíbulo del supermercado: «Eh, Adolfo, ¿no me reconoces? Soy yo, Leo, tu amigo imaginario de la infancia».

SAFARIS INOLVIDABLES, Fernando Clemot

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FERNANDO CLEMOT, Safaris innolvidables, Menoscuarto, Palencia, 2012, 166 páginas.


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Clemot exhibe su dominio de las formas breves en aquellas narraciones cortas que conviven en este tomo que contiene veinte relatos.
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LA AGONÍA DE LAS FLORES

   En Angola, a unos cien kilómetros al sur de la ciudad de Saurimo, encontramos lo que parece una hoja palmeada, perfecta, con sus nervaduras marcadas, muy semejante a las que vemos en las plataneras de nuestros parques. Frente a ella, casi enfrentada, hay otra hoja más pequeña, reniforme y dicótoma, con tonos que en algunos puntos se acercan al morado; esta segunda hoja esta centrada sobre el parque nacional de Cameia. Calculo que la primera hoja tiene, desde su base a su ápice, la superficie aproximada de Italia y la segunda una extensión equivalente a la de Holanda.
   Recuerdo hojas parecidas a estas, hojas de antaño; durante décadas se mantuvo la costumbre de dejar flores, ramas y hojas secas entre las páginas de un libro. Se extinguió aquella costumbre como la de llevarlas en el ojal o entre el cabello, recuerdo a mi padre llevando menta entre los dientes, eran resmas de otro tiempo, bellas pero inútiles, presa fácil en la era del pragmatismo.
   Las flores y hojas en los libros fue una práctica más reciente, quizá el último estadio de utilidad de las flores, quizá por otoñal el más hermoso. Mi hermano todavía solía dejar flores entre las páginas de un libro de Torga o de Miguel Hernández, también lo recuerdo en un ejemplar que le dieron con algún periódico y que se llamaba La revolución de los claveles, también en alguno sobre la vida de Durruti; allí había flores y hojas de olivo, también alguna anotación y dibujos en los márgenes. Las flores se extinguieron al mismo compás que los ideales.
   Ya no hay flores entre las páginas de los libros, ni anotaciones, ni dibujos. Nadie tatúa su nombre en un tronco o en las maderas de un banco, se prefiere escribir a la amada un mensaje de móvil que se convierte en un rótulo en un programa de madrugada.
   No se deshojarán más margaritas ni nadie verá tus iniciales en la corteza de un árbol. En la pantalla, por noventa céntimos de euro, todo el mundo podrá leer tu nombre, mi amor, y lo mucho que te echo de menos.

EL REINO DE LA NADA, Emilio Gavilanes

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EMILIO GAVILANES, El reino de la nada, Menoscuarto, Palencia, 2011, 142 páginas.


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Los relatos cortos contenidos en este libro exhiben la maestría, habitual en Gavilanes, en la torsión de las formas breves.
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LA VISITA

   Se le ocurrieron dos disculpas para visitarla: era Navidad y le habían dicho que se encontraba enferma.
   Le abrió ella misma, en bata, sin arreglar y con gesto de que le doliese algo. Al verlo, se cerró la bata por el cuello con una mano y con la otra se echó el pelo hacia atrás para dejar la cara despejada. «Pasa, pasa», le invitó, azarada. «¿Y cómo...?» «Me han dicho que estabas enferma. Y tenía muchas ganas de verte. ¿Estás sola?» «Sí», dijo ella como avergonzada. «Claro. Es muy fácil querer a alguien con salud.» «Ha salido un momento», cortó ella, que no escuchaba, concentrada en justificar que estuviese sola. «¿Te sigue pegando?» «Muy poco. Ahora me quiere mucho. Y yo tengo todo lo que necesito. No tenías que... Me alegro de que hayas venido, pero no tenías que haberte molestado. Estoy muy bien. Es este dolor.» Se tocó un costado. «Pero ya no me duele tanto», y se rio sin ganas, intentando borrar el dolor de su gesto. «Siéntate. Ya ves que esto es pequeño y está todo revuelto, pero es cómodo.» Hacía mucho calor y el aire estaba muy cargado. «¿Te traigo algo?», preguntó él. «No, no. Siéntate. ¿Quieres tú algo? Te lo traigo yo», e hizo un intento agotado de levantarse. Él le hizo una señal con la mano para que no se moviese. «Si no fuese por este dolor, sería todo perfecto», dijo ella y miró alrededor como para demostrar que saltaba a la vista. «¿Quién te ha dicho dónde vivo?» Él la tumbó en el sofá, la tapó con una manta y abrió la ventana. «Le han dado un trabajo. No va a tener que viajar.» Mientras ella hablaba, él recogía cosas y ponía orden en la habitación. «¿Por qué haces esto? Ya sabes que yo le quiero a él. Aún te tengo cariño, pero le quiero a él. La belleza son muchas cosas.» «Sss. Descansa.» Cuando acabó de ordenar, dijo que se iba. La mujer salió a acompañarle. «¿Has visto qué perchero más bonito?» «No salgas. A ver si vas a coger frío.»
   «Dios mío, ¿qué sé yo del amor?», se preguntaron los dos a la vez cuando se cerró la puerta.

MANUAL PARA COYOTES, David Ruiz

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DAVID RUIZ, Manual para coyotes, Menoscuarto, Palencia, 2012, 108 páginas.

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VIAJEROS

SAND HILLS, NEBRASKA, MARZO DE 1807

ŠÚKABLOKA

   Vemos a sus familias, arrinconadas por la miseria, la peste o la ruina. Les vemos encomendarse al dios de la cruz y juntar las manos, arrodillados en la tiniebla. Les vemos abandonar sus hogares centenarios y cruzar sus países verdes y grises, lluviosos y remotos. Les vemos embarcar en altos veleros, y cruzar el otro océano, y padecer la locura del mundo sin tierra, las tempestades y hambrunas, los naufragios y motines. Contemplamos a los supervivientes llegar a puertos grandes y nuevos, sucios y apestados, y vemos cómo nuevas ciudades, que son como las viejas que dejaron atrás, les despojan de los pocos bienes que aún les quedan con promesas de humo y mentiras doradas. Les vemos enrolarse en caravanas infinitas y cruzar praderas y vadear ríos acosados por los lobos y los bandoleros. Escuchamos el eco de los disparos que los azuzan y los hieren, y les vemos caer por precipicios y morir de frío presos en la nieve de los pasos de montaña. A los que llegan, a los que sobreviven a los océanos, las praderas, las montañas y el desierto, los esperamos aquí, oteando hacia el este el infinito de las llanuras que se extienden a nuestros pies. Y cuando vemos el humo de sus campamentos y escuchamos el lejano relincho de sus bestias de carga empuñamos nuestros rifles y nuestros arcos y partimos a su encuentro.
   Y los matamos.
   Y en la noche bebemos su sangre aún caliente, y cruzamos el mundo y vemos lo que vieron, cabalgamos sus almas desde ellos hasta nosotros, que aullamos a la luna, les rendimos homenaje y les redimimos, viviendo de nuevo sus vidas, no dejando sus almas huérfanas del recuerdo mientras sus cuerpos, rotos y vencidos, se pudren en la llanura.

BREVIARIO NEGRO, Ángel Olgoso

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ÁNGEL OLGOSO, Breviario negro, Menoscuarto, Palencia, 2015, 160 páginas.

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LA TÉCNICA DE SOÑAR MONSTRUOS
A Alfonso Cost

   A fuerza de soñar un monstruo, el monstruo nace. Cuando era muy pequeño tenía siempre la misma pesadilla: algo, amenazador y espeluznante, vivía agazapado en el fondo del pajar, bajo la vieja azotea. Yo salía de mi dormitorio en la planta de arriba y descubría, en su corredor en penumbra, la puerta entornada que daba al pajar vacío, cavernoso. Con el pánico ya en las entrañas, intentaba cerrarla desesperadamente pero notaba que mi gesto me delataba, que su olfato me advertía. Entonces huía, volaba escaleras abajo con eso persiguiéndome resollante, mugidor. Sentía la rémora de mis piernas y creía que el voraz inquilino me alcanzaba, me apresaba, me hendía, me desollaba. Carecía de atributos concretos. Era una sombra veloz y exacerbada, un toro, una gigantesca araña, un cárabo nocturno de ojos desorbitados. Podía tener cuernos, cerdas erizadas, pico o garras. Los miembros me latían como corazones, el corazón me hormigueaba, ululaba el aire en mis diminutas fosas nasales. Resbalando sobre los jugos negros y pegajosos de los escalones, respirando su hedor a fango fluvial, llegaba jadeante al pasillo iluminado de la planta de abajo y sabía que por fin estaba a salvo. Siempre el mismo sueño, una noche y otra noche, reiterado, inextinguible.
   Un buen día, cuando tuve uso de razón, lo vi frente a mí en el comedor. Había cruzado la frontera, había nacido, arrancado de la oscuridad, de la incesante digestión de los sueños. Estaba ahí, en una silla, de manera tangible, perfecta, con su ahora sólida presencia transferida a este orbe y ocupando el aire, estableciéndose sin miramientos en mi hogar. Temblé al reconocerlo. Él me observó con atroz indiferencia. Pero también supe que ni a los monstruos les conviene estar solos. Desde entonces no volvió a repetirse la pesadilla y, para dormir, cuento ovejas que saltan ordenadamente la cerca. Desde entonces aquel monstruo vive conmigo y, para dormir descuidado, hasta le puse nombre: Padre.

ESCENA DE FAMILIA CON FANTASMA, Julia Otxoa

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JULIA OTXOA, Escena de familia con fantasma, Menoscuarto, Palencia, 2013, 144 páginas.

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LÁMPARA SUIZA

   Cada mañana el señor oscuro se ocupa de la disección del lenguaje sobre la gran mesa de madera de la cocina, bajo la potente luz de la  lámpara suiza. Desnudo, peinado y perfumado, cubriendo gran parte de su níveo cuerpo con el acostumbrado delantal azul ultramar, embutidas sus manos en guantes de látex hasta la mitad de sus brazos, armado de cuchillos, cinta métrica y báscula, y teniendo muy cerca de su mano derecha la bandeja con el instrumental de disección: bisturí, pinzas, tijeras... da comienzo al diario ritual de la metamorfosis, abriendo en canal los párrafos y las frases, deshuesando, con extrema delicadeza, nombres, verbos y adjetivos, desangrando los profundos cauces de su sentido hasta dejar los significados vacíos y pálidos como paisaje de venas  tras el paso de un vampiro. Viene luego el tiempo del limado, limpiado y abrillantado de cada fonema, con el mismo esmero y mesura con los que se maquilla a un muerto.
   Las palabras, entonces, ya anodina masa inerme, linaje de la morgue, pueden ser troceadas al gusto, sus minúsculas partes se unen luego con otras desconocidas surgiendo así sonidos turbadores, extraños, que nadie entiende  pero que engalanan a quien las pronuncia con una suerte de aureola de misterio y sabiduría.

LAS OTRAS CRIATURAS, Eugenio Mandrini

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EUGENIO MANDRINI, Las otras criaturas, Menoscuarto, Palencia, 2013, 120 páginas.

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PRUEBA DE VUELO

   Si evaporada el agua el nadador todavía se sostiene, no cabe duda: es un ángel.

MAR DE PIRAÑAS, Fernando Valls (editor)

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FERNANDO VALLS, Mar de pirañas, Menoscuarto, Palencia, 2012, 350 páginas.

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Lejos de la complacencia, Fernando Valls, en su documentado y atinado prólogo Pirañas de agua salada pp. 9-22) advierte: "...el mayor enemigo del microrrelato, hoy por hoy compartido con la poesía, radica en su aparente y engañosa facilidad, en lo sencilla y rápidamente que cualquiera puede improvisar un texto breve... [...] Lo acecha también la abusiva utilización del ingenio, tal y como le sucede al aforismo; la confusión cansina entre "precisión" y "concisión" por un lado, y "brevedad" por otro; por no insistir una vez más en el desconocimiento del género o en lo que Borges ha denominado "la charlatanería de lo breve". Subtitulada, Nuevas voces del microrrelato español, la antología incluye relatos de sesenta y nueve autores, muchos con obra publicada (Felipe Benítez Reyes, Ángel Zapata, Hipólito G. Navarro, Gemma Pellicer...), algunos cultivadores ocasionales del género (Almudena Grandes, Ignacio Martínez de Pisón, Luisa Castro, Eloy Tizón...) y escritores a los que pronto les espera el papel: Araceli Esteves, Miguel Ibáñez, Paz Monserrt Revillo, Beatriz Alonso Aranzábal, Ricardo Álamo, Ángeles Prieto Barba, Nuria Mendoza, Rocío Romero, Gabriel de Biurrun y Loli Rivas.      

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EVO

   Anoche soñó que en el cole volvían a llamarle gallina. Se despertó embarazado, y puso un huevo que vino a llenar el vacío que sentía por dentro. Ya en la oficina, solicitó baja por paternidad: un mes para incubarlo y cinco de debida crianza. Encaramado sobre su huevo hace patucos de punto mientras medita sobre la injusticia de una sociedad que no protege los derechos de los padres solteros. Ya no tiene trabajo, mas se siente realizado: escribirá un ensayo al respecto. 
Alberto Corujo

LAS FRUTAS DE LA LUNA, Ángel Olgoso

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ÁNGEL OLGOSO, Las frutas de la luna, Menoscuarto, Palencia, 2013, 216 páginas.

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Entre los veinte cuentos que integran el volumen, irrumpe, con la fuerza expresiva que caracteriza las creaciones de este autor, algún microrrelato.

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DESIGNACIONES

   Levantó una casa y a ese hecho lo llamó hogar. Se rodeó de prójimos y lo llamó familia. Tejió su tiempo con ausencias y lo llamó trabajo. Llenó su cabeza de proyectos incumplidos y lo llamó costumbre. Bebió el jugo negro de la envidia y lo llamó injusticia. Se sacudió sin miramientos a sus compañeros y lo llamó oportunidad. Mantuvo en suspenso sus afectos y lo llamó dedicación profesional. Se encastilló en los celos y lo llamó amor devoto. Sucumbió a las embestidas del resentimiento y lo llamó escrúpulos. Erigió murallas ante sus hijos y lo llamó defensa propia. Emborronó de vejaciones a su mujer y lo llamó desagravio. Consumió su vida como se calcina un monte y lo llamó dispendio. Se vistió con las galas de la locura y lo llamó soltar amarras. Descargó todos los cartuchos sobre los suyos y lo llamó la mejor de las salidas. Mojó sus dedos en aquella sangre y lo llamó condecoración. Precintó herméticamente el garaje y lo llamó penitencia. Se encerró en el coche encendido y lo llamó ataúd.

LA ERA DE LA BREVEDAD, Irene Andres-Suárez & Antonio Rivas

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IRENE ANDRES-SUÁREZ & ANTONIO RIVAS, La era de la brevedad. El microrrelato hispánico, Menoscuarto, Palencia, 2008, 616 páginas.

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Irene Andres-Suárez y Antonio Rivas son los editores de estas actas del IV Congreso Internacional de Minificción celebrado por la Universidad de Neuchâtel (Suiza) en noviembre de 2006. Contiene además de los trabajos teóricos una sección en la que se manifiestan los creadores. 
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ÍNDICE

PRÓLOGO [11]

I. Estado de la cuestión. [11]
II. Una asignatura pendiente: la nomenclatura [16]

TEORÍA

DAVID LAGMANOVICH, Minificción corpus y canon [25]
DAVID ROAS, El microrrelato y la teoría de los géneros [47]
DOMINGO RÓDENAS DE MOYA, El microrrelato en la estética de la brevedad del Arte Nuevo [77]
JUAN ARMANDO EPPLE, Orígenes de la minificción [123]
ANA CASAS, Lo fantástico en el microrrelato español (1980-2006) [137]             
LAURA POLLASTRI, La figura del relator en el microrrelato hispanoamericano [159]
FRANCISCA NOGUEROL, Minificción e imagen: cuando la descripción gana la partida [183]  
LAURO ZAVALA, La minificción audiovisual: hacia un nuevo paradigma en los estudios de la minificcion [207] 
YVETTE SÁNCHEZ, Juego de dimensiones [231] 
BASILIO PUJANTE CASCALES, Minificción y título [245] 
DORIAN OCCHIUZZI, Kitsch en miniatura [261] 
       
ENSAYOS SOBRE EL MICRORRELATO HISPÁNICO
       
TERESA GÓMEZ TRUEBA, Juan Ramón Jiménez y el arte de descontar el cuento [275] 
ANTONIO RIVAS, La poética del absurdo en los “Caprichos" de Ramón Gómez de la Serna [301] 
MARTA ÁLVAREZ, Los siete cuentos de otoño de Alvaro Cunqueiro: la impensable contencion de un fabulador [317] 
ITZÍAR LÓPEZ GUIL, Los niños tontos de Ana María Matute: la brevedad como estrategia de manipulación discursiva  [331]
FERNANDO VALLS, Fulgores en un espejo oscuro: Las cajas de cosas de José Jiménez Lozano [347]
IRENE ANDRES-SUÁREZ, El universo iconotextual de José María Merino: Cuentos del libro de la noche  [371]
VIOLETA ROJO, Nuevas (y viejas) tendencias breves: dieciocho venezolanos en la minificción  [397]
GRACIELA TOMASSINI, La microficción como texto ergódico. Acerca de la Biblioteca Fabularia y otros laberintos  [409]
STELLA MARIS COLOMBO, Periplo, de Juan de Filloy: una experiencia precursora en el horizonte de la minificción  [425]
GABRIELA ESPINOSA, La pasión por la letra en la escritura breve  [439]
JACQUELINE HEUER, En “el vientre de la ballena": microrrelatos de hoy en la revista Quimera  [455]
RAMIRO OVIEDO, Los raudos espejos del desencanto (guiños entre el microcuento español e hispanoamericano)  [469]
       
       
TESTIMONIO DE ESCRITORES
            
JUAN PEDRO APARICIO, Poética cuántica   [491]
RAÚL BRASCA, Microficción: el juego de lo aparente  [497]
LUIS BRITTO GARCÍA, Los géneros leves  [513]
LUIS MATEO DÍEZ, Ideas, medidas, historias  [531]
GABRIEL JIMÉNEZ EMÁN, Escribir relatos  [537]
JOSÉ MARÍA MERINO, La glorieta miniatura (veinticinco pasos) [547]
JULIA OTXOA, Literatura de la brevedad. Nuevas representaciones contemporáneas  [559]
GUILLERMO SAMPERIO, El halcón de la ficción breve lee páginas clásicas  [569]
ANA MARÍA SHUA, Esas feroces criaturas  [581]
JAVIER TOMEO, A propósito de mis Historias mínimas  [587]
LUISA VALENZUELA, Salpicón de reflexiones personales  [591]

GINGIVAL, Francisco Ferrer Lerín

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FRANCISCO FERRER LERÍN, Gingival, Menoscuarto, Palencia, 2012, 248 páginas.

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El volumen, cimentado en las entradas que el escritor ha ido publicando en su blog, contiene un epílogo firmado por Fernando Valls.

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LA VIDA

   La piel ya quebradiza (ni gota de sol le dijo el médico). Las rodillas machacadas por kilos y kilos de carroña en sacos cargados a la espalda por duras pendientes. Sentado. En la silla de ruedas. Ante el gran ventanal. Que da a la sierra de Onete donde los milanos reales planean al sol. Y ahora, un grupo de estólidas vacas llevan días pastando en el claro del bosque. Pide ayuda al enfermero. Cazador. Corrupto. Que le facilita el arma. El viejo ornitólogo ajusta los pernos. Apoya lento el brazo de trapo. El frío rifle pegado a la cara. Y dispara. Al amanecer una nube de buitres cae del cielo sobre la carne vacuna. Vísceras. Huesos. Ferrer Lerín cree que sueña. Felicidad olvidada. En esta agonía.