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PÁGINAS INMORTALES, Michel de Montaigne

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MICHEL DE MONTAIGNE, Páginas escogidas, Tusquets, Barcelona, 1992, 184 páginas.

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En Montaigne (pp. 11-35), el prólogo a estas antología, escribe André Gide : «En cada época de la historia hay una imagen convencional de la humanidad que intenta ocultar ese ser real. Montaigne apartará la máscara para alcanzar lo esencial; si lo logra es mediante el esfuerzo continuado de una singular perspicacia; oponiendo a la convención, a las creencias establecidas, a los conformismos, un espíritu crítico siempre despierto, a la vez muy ágil y tenso, juguetón, divertido con todo, sonriente, indulgente, pero sin complacencia, puesto que lo que él pretende es conocer, en absoluto moralizar».
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DE LA POESÍA

   ¡Oh! maravilla: tenemos muchos más poetas que jueces y críticos de poesía. Es más fácil hacerla que conocerla. En un nivel bajo, puede juzgársela a partir de los preceptos y la habilidad. Pero la buena, la suprema, la divina, está por encima de las reglas y la razón. Quien contemple su belleza con mirada firme y serena no la ve, como no se ve el resplandor de un rayo. No intenta seducir nuestro juicio; lo rapta y destroza. La pasión que aguijonea a quien sabe penetrarla hiere incluso a un tercero al oírsela evocar o recitar; como el imán atrae no sólo una aguja, sino que infunde también en ella la facultad de atraer a las otras. Y se ve más claramente en los teatros, que la inspiración sagrada de las Musas, habiendo excitado primero al poeta hasta la cólera, el dolor, el odio, habiéndole llevado fuera de sí hasta donde ellas han querido, golpea aun a través del poeta y el actor consecutivamente a todo un pueblo. Es el ensartar de nuestras agujas, suspendidas una de otra. Desde mi primera infancia, la poesía ha actuado así, traspasándome y transportándome. 

Libro I, XXXVII: «Del joven Catón».

FÉRTIL MISERIA, Harry Almela

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HARRY ALMELA, Fértil miseria, Dharma, Maracaibo, 1992.

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POST-SCRIPTUM

   Yo sólo sabía de mapas y desdeñaba el territorio. Amaba la espuma, olvidando la quilla del trirreme.
   El día señalado, apareció el pergamino debajo de mi puerta. Estos códices fueron dictados a la luz de la hoguera.
   Guardo todavía algunos fragmentos. Ese peso es útil: me ata a lo que perece. Evito el terror a lo leve.
   Mientras pase esta noche, cultivo el arte de convertirme en vasija. ¿De qué sirve el infinito sin un cuenco que lo justifique?
   La página en blanco también habla.

NOTICIA DE TIERRAS IMPROBABLES, Pedro Ugarte

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PEDRO UGARTE, Noticia de tierras improbables, Hierbaola, Pamplona, 1992, 168 páginas.

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DEMOCRACIA

   Esa mujer a la que me refiero forma parte de esos círculos conservadores que tan incómodos se encuentran explicitando su ideología como confirmándola con cada uno de sus actos. En mi pequeño país, al menos, esos círculos se aposentan casi siempre en áreas residenciales muy concretas y eso, posiblemente, los delata. Esa mujer, con la llegada de la democracia, sufrió cierta conmoción interior nunca resuelta del todo. Pero ella tenía una irreductible conciencia de su ciudadanía de modo que, ante la más mínima perturbación, gustaba de exclamar: "¿Es esto la democracia?". Así, si en su automóvil la sancionaban con una multa, espetaba airada al agente de turno: "¿Es esto la democracia?". O si había obras a la entrada de su casa que dificultaban el acceso, preguntaba a los peones sudorosos: "¿Y esto es la democracia?".
   "Pero, oiga, ¿es esto la democracia?", terminará diciendo acaso, en su lecho de muerte, mirando desesperadamente hacia ninguna parte, donde acaso Alguien pueda decirle que sí.

AFORISMOS, Edmundo O'Gorman

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EDMUNDO O'GORMAN, Aforismos, UNAM, México D.F., 1992, 98 páginas.

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La gran función social de las novelas de amor es hacernos olvidar lo que es el amor.
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Las ideas mueren cuando se convierten en creencias; las creencias, cuando se convierten en ideas.
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El reto del historiador es hacer inteligibles con la imaginación las zonas irracionales del pasado.
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La perfecta vejez: la cabeza complicada y los gustos sencillos.
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El escepticismo es la más alta prueba de la confianza en sí mismo.
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Cuando un intelectual o artista deja de inspirar desconfianza ha traicionado su misión.

VOCES ABANDONADAS, Antonio Porchia

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ANTONIO PORCHIA, Voces abandonadas, Pre-Textos, Valencia, 2001 (1992), 106 páginas.

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Laura Cerrato, responsable de la edición y el Prefacio (pp. 9-16), señala que Porchia «restituye al aforismo su exacta dimensión de aforismo, su identidad que no consiste en una mera enunciación abreviada, sino que responde a leyes propias en esa necesidad de proveer a la lectura múltiple, que hace del aforismo un género poético irreductible a otras formad del discurso». 
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Si no existiese lo breve, no existirían las flores.
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El engaño me engaña cuando no sabe engañarme.
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Cuando algún dardo es lanzada para herirme, se encuentra con la herida hecha y... no puede herirme.
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Por salvar lo que hemos sido, nunca llegamos a ser lo que somos.
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Mis pasados hoy despiertan todavía, pero mis hoy, no despiertan más.
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Al río del llanto no lo ves, porque le falta una lágrim tuya.
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En el recuerdo de nuestras cosas, nuestras cosas son como una vaso de agua en un mar de agua.
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Cuando me parece que todo está sin mí, ¡qué extraordinario me parece todo!


EL GUARDIÁN DEL MUSEO, Julio Miranda

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JULIO MIRANDA, El guardián del museo, Monte Ávila, Caracas, 1992, 96 páginas.

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VIDA DE PERROS

   Somos pobres. Nunca hemos podido tener un perro. ¡Y nos gustan tanto! Por eso decidimos turnarnos: cada uno haría de perro un día entero.
   Al principio nos dio un poco de vergüenza, sobre todo a mis padres. Lo imitaban muy mal. Algún ladrido y mucho olfatear. Yo era el que más gozaba, orinando donde quería.
   Pero se convirtió en una fiesta. Esperábamos que nos tocara, nerviosos. La noche antes ya se nos escapaba algún grrrr, algún guau. Mamá no se ocupaba de la casa. Papá no iba al trabajo. Yo me salvaba de la escuela. Y ellos se divertían más que yo, saltándose las reglas, mordiéndose y lamiéndose y rascándose y montándose encima y revolcándose, aunque a los dos no les tocara ser perro. Les decía que era trampa. Me mandaban al cuarto.
   La casa está hecha un asco. A papá lo botaron. Yo tengo que ir a clases todas las mañanas y luego las tareas. «Otro día haces de perro», me dicen, «otro día», riéndose.
   No es justo.

DICHOS DE LUDER, Julio Ramón Ribeyro

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JULIO RAMÓN RIBEYRO, Dichos de Luder, Jaime Campodónico Editor, Lima, 1992.

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En la presentación a los escritos de este su alter ego o apócrifo  (pp. 5-7) Ribeyro confiera: «Este pequeño libro es una recopilación de algunos de sus dichos que anoté cuando conversamos en París o durante sus esporádicas visitas al Perú.»
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   Envidian a Luder porque una o dos veces al mes se amanece conversando con un amigo muy inteligente.
   —¡Debe ser una conversación apasionante!
   —Ni crean. Como ignoramos más de lo que sabemos, lo único que hacemos es canjear fragmentos de nuestra propia tiniebla interior.”
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   —Se sueña sólo en primera persona y en presente del indicativo —dice Luder—. A pesar de ello el soñador rara vez se ve en sus sueños. Es que no se puede ser mirada y al mismo tiempo objeto de mirada.
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   Le preguntan a Luder por qué no escribe novelas.
   —Porque soy un corredor de distancias cortas. Si corro maratón me expongo a llegar al estadio cuando el público se haya ido.
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   —Soy como un jugador de tercera división —se queja Luder—. Mis mejores goles los metí en una cancha polvorienta de los suburbios, ante cuatro hinchas borrachos que no se acuerdan de nada.

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   —¡Cómo me hubiera gustado conocer a Goethe, a Stendhal, a Hugo, a Joyce! —exclama un amigo entusiasta.
   —¡Ah, no! —protesta Luder—. No los hubieras aguantado más de cinco minutos. Casi todos los grandes escritores son unos pesados. Sólo la muerte los vuelve frecuentables.
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   Le preguntan a Luder por qué rompió con una amiga a la que adoraba.
   —Porque no tenía ningún contacto con su pasado. Vivía constantemente proyectada en el tiempo por venir. Las personas incapaces de recordar son incapaces de amar.
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   —Lo que diferencia a los escritores franceses de los norteamericanos —dice Luder— es que los primeros se limitan a cultivar un jardín, mientras los segundos se lanzan a roturar un bosque.
   —¿Y tú?
   —Ah, yo sólo riego una maceta.

AMBAGES COMPLETOS, César Fernández Moreno

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CÉSAR FERNÁNDEZ MORENO, Ambages completos, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1992, 208 páginas.

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Enamorarse es meramente percibir a fondo las diferencias entre una persona y las demás
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Ideal de todo hombre
Que su presencia sea una fiesta para los otros
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La vida es un quilombo pero uno lo va regenteando
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La vida es un viaje a la muerte con escala en la mujer
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Los chinos, ¿pueden tener mala letra?
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Las orejas ponen a la nariz entre paréntesis
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Los grillos dirigen el tráfico del campo
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Los peces son personas atadas de pies y manos
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Me aprecia mucho
Se ríe de todo lo que digo
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el gallo es un teléfono por donde te llama el sol
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el relámpago trata de escribir poemas en el cielo
pero no le salen y los borra

DICHOS, Rafael Cadenas

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RAFAEL CADENAS, Dichos, La Oruga Luminosa, San Felipe, 1992, 69 páginas.

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Tomar en brazos la vida o ser amado en brazos por ella significa no esperar nada.
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Quien en realidad vive no espera.
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No buscamos ser sino sentirnos en algún estado "superior". Estamos adiestrados para perseguir siempre una ganancia, tal es nuestra barrera. La agonía de no querer ser lo que somos.
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Hablo desde la cárcel que tú también conoces. Pero ¿qué pasa si la aceptamos? ¿No se vuelve albergue? ¿No se une a nosotros para formar un ser real?
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Regresar a la naturaleza tiene para mí un solo sentido: vivenciarnos como naturaleza.
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Si lo que existe nos parece poco, ¿qué puede sosegarnos.

LIMERICKS, Edward Lear

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EDWARD LEAR, Limericks (El libro del Sinsentido), Bravo y Allende Editores, Santiago de Chile, 1992.

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En la Introducción (pp. i-xxxiii) el también traductor Juan Rivano Sandoval apunta: "Sinsentido puro y absoluto. Yo no sé si existe algo así. Puede decirse (se ha dicho en efecto, y más de una vez) que el universo mundo no tiene sentido. En un caso así, la frase «sinsentido puro y absoluto» tendría una aplicación apropiada y grandiosa." 
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Había una señora en San Bernardo
que compro un pito y se sentó en un cardo;
con su modo inquietante,
rudo y desconcertante
silbaba a todo el mundo en San Bernardo.