GLORIA RAMÍREZ & FERNANDO SÁNCHEZ CLELO (antólogos), Resonancias, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, 2018, 70 páginas.
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FLOTANDO EN LA PALMA DE LA MANO DE MI MADRE
Mi madre se baña desnuda en la acequia. Espanta pájaros y come ciruelas rojas. Me avergüenzo de su desnudez. No puedo, sin embargo, dejar de mirar sus pechos y sus formas distorsionadas bajo el agua. Parece no verme y chapotea feliz. En el reflejo, aparece una niña flotando en la palma de su mano.
Ildiko Nassr
JAVIER ZÚÑIGA,
Casi bestia, casi humano, BUAP, Puebla, 2016, 62 páginas.
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VERDUGO
Admito que la guillotina no estaba entre mis objetos imaginados. Ni el potro, ni la rueda de picos. Yo nunca propuse los azotes, ni el empalamiento o el péndulo. Ni siquiera sugerí los hierros ardientes en los ojos.
Afortunadamente los hombres, a tu imagen y semejanza Padre, tienen un ingenio mucho más infernal.
ALEXANDR ZCHYMCZYK,
Descendencia imaginaria, BUAP, Puebla, 2014.
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En el andén de una estación de ferrocarril una dama se despide. Agita con fuerza su pañuelo mientras el tren se aleja sobre los rieles. Cuando el último vagón desaparece sus lágrimas comienzan a caer; luego cae su sonrisa, después los brazos, sus senos, las piernas… hasta que sólo queda un montón de tristeza sobre las vías y en el aire un tembloroso pañuelo blanco.
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BOOMERANG
La mujer, víctima de la depresión, decidió acabar con su vida e ingirió varias cajas de medicamentos. No sólo no murió sino que, casi al instante, se curó de todas sus enfermedades.
ADRIANA AZUCENA RODRÍGUEZ,
La sal de los días, BUAP, Puebla, 2017.
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ABRIL 5. TAL VEZ INICIO DEL HORARIO DE VERANO
Me secuestraron una hora. De rescate, me exigen siete meses de insomnio.
FERNANDO SÁNCHEZ CLELO,
No es nada vivir, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, 2005, 60 páginas.
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EL REGRESO I
Después de todas las tribulaciones vividas durante los últimos años, Ulises se siente cada vez más cerca de Penélope. Mira nostálgico el paisaje con lágrimas en los ojos, está feliz y no puede contenerse.
―Ítaca… ¡Ítaca! ―grita conmovido.
―Esto no es Ítaca, señor ―le dice un hombre desde una carreta.
―¿Qué lugar es este? ―pregunta alterado.
―¡Esto es Comala señor, Comala! ―contesta el arriero Abundio mientras se aleja.
Ulises, desconsolado, comprende que una nueva odisea está por comenzar.
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EL EMPERADOR
Bajo la tempestad de escarnios, la muchedumbre atosiga al Emperador, que arrastra los pies encadenados rumbo a la guillotina. Él escarba en sus recuerdos bíblicos para obtener un poco de consuelo, pero sólo encuentra la cabeza de Goliat sangrando en las manos del niño David, a Judith decapitando a Holofernes, y a Salomé bailando desnuda con la cabeza de Juan Bautista en una charola de plata. Su fuerza real se desvanece.
Ya en el patíbulo, con la hoja de hierro afilada pendiendo sobre su cuello, levanta la vista: la multitud que ahora aplaude su muerte, antes temblaba bajo su mirada. Con la evocación de los rostros cobardes, recobra su despotismo imperial y ruge la última orden:
—¡Que me corten la cabeza!
Su pueblo lo obedece temeroso.
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EL MARQUÉS Y LA SÁDICA
—¡Hagamos el 69! —ordenó enérgico.
—No —respondió tranquila la mujerzuela—, para ti prefiero el 61.
Lo decapitó y le hizo el amor.