Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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Días de lectura


Días de lectura, Marcel Proust, p. 59

Tal vez no haya días más plenamente vividos en nuestra infancia que aquellos que creímos dejar pasar sin vivirlos, aquellos que pasamos con uno de nuestros libros preferidos. Todo lo que al parecer los llenaba para los demás y que nosotros apartábamos como un obstáculo vulgar ante un placer divino: el juego para el cual venía a buscarnos un amigo en medio del pasaje más interesante, la abeja o el rayo de sol molestos que nos hacían levantar los ojos de la página o cambiar de sirio, la merienda que nos habían obligado a llevarnos y que dejábamos en el banco a nuestro lado, sin tocarla, mientras encima de nuestra cabeza el sol iba perdiendo fuerza en el cielo azul, la cena para la cual teníamos que regresar y durante la cual sólo pensábamos en subir enseguida para terminar el capítulo interrumpido; todo eso, de lo cual la lectura habría debido impedirnos ver todo lo que no fuese la inoportunidad, la lectura al contrario lo grababa en nosotros como un recuerdo tan dulce (mucho más precioso para nosotros ahora que lo que entonces leíamos con amor) que, si alguna vez hoy volvemos a hojear esos libros de antaño, ya sólo lo hacemos como si fuesen los únicos almanaques que hemos conservado del pasado y con la esperanza de ver reflejados en sus páginas estanques y caserones que han dejado de existir.


DE LA LECTURA


Los últimos días de Roger Federer,  Geoff Dyer, p. 92

dejar la lectura de algunos libros. He renunciado más de una vez a El hombre sin atributos, Proust (un volumen de siete, dos veces), Los hermanos Karamazov (lo acabo de comprobar: entre las páginas 80 y 81 encontré la cuenta de un restaurante de Bolonia de 2012; pensaba que había avanzado más, en alguna fecha posterior), Los embajadores ( cada vez poseído por la convicción, a la vez borrosa e insistente, de que mis gafas de leer estaban cambiando de graduación a mitad de frase), y casi todo Faulkner. Me parece que leí Luz de agosto cuando tenía veinte años (las anotaciones lo demuestran), pero desistí de releerlo después de cincuenta páginas cuando tenía sesenta. El ruido y la furia fue un juego de niños: tres páginas bastaron para convencerme de que nunca lo lograría. Creo a la gente que dice que El ruido y la furia se vuelve genial cuando llegas a la segunda parte o, idealmente, cuando lo lees entero por segunda vez; lo que rara vez escuchas es cómo pasar de la primera parte por primera vez. Ojalá hubiera leído El hombre sin atributos y todo Dostoievski cuando tenía poco más de veinte años. Es extraño que resulte más fácil leer libros difíciles cuando uno sabía menos sobre libros y lectura. Y qué curioso el estatus de Dostoievski: uno de los más grandes, todo el mundo está de acuerdo, pero el mejor momento para leerlo parece ser cuando estás al final de la adolescencia, mientras tu gusto está en proceso de formación ... gracias a la experiencia de leer a escritores corno Dostoievski. (Hablarnos de crecer gracias a ciertos escritores y libros -El guardián entre el centeno o Trampa 22-, pero tal vez registren, corno las marcas de nuestra estatura en el marco de la puerta donde vivíamos de pequeños, cuánto nos han ayudado a crecer más allá de nosotros mismos). 


Los fans


Las palabras justas, Milena Busquets, p. 27

Son adorables, siempre traen algún regalito, chocolate, galletas, un libro (suyo, aunque siempre he pensado que regalar un libro que has escrito tú no es propiamente hacer un regalo, es un poco como plantificarle un beso en la boca a alguien que no te lo ha pedido, da un poco de vergüenza ajena, es un poco embarazoso y deshonesto, mucho mejor regalar un libro de otro, de Dostoievski, por ejemplo), una flor. Están el tiempo justo, suelen mostrarse tímidos y encantadores, sonríen como niños y como si te conociesen de toda la vida, a veces se emocionan y acabáis llorando los dos (es mucho más contagioso el llanto que la risa). No intentan ligar. Sant Jordi y las demás ferias del libro no se prestan a ligar, no conozco casi ningún caso de escritor o de escritora que haya ligado en Sant Jordi. Desgraciadamente, no puedo dar consejos a los lectores o las lectoras que estén enamorados de un autor. Nunca me he enamorado de ninguno, ignoro cómo se les seduce. Pero de todos modos ya se sabe que, escritor o no, hay gente que sencillamente no es seducible, igual que hay gente que no tiene ritmo. A mí nunca se me ocurriría la idea de seducir a un escritor: si tuviese menos talento que yo, no podría amarle, y si tuviese más, tampoco.


LECTURAS


A propósito de nada, Woody Allen.
Leía indiscriminadamente y seguía teniendo grandes lagunas en mi conocimiento, pero empecé a escuchar música clásica además de jazz, visitaba cada vez más museos y me educaba lo mejor que podía, no para obtener un título universitario ni por ninguna aspiración noble, sino para no parecer un asno delante de las mujeres que me gustaban; aunque, en la mayoría de los aspectos, seguí siendo un asno. Aún hoy, mis poetas son los de “Tin Pan Alley» y no hay nada en La tierra baldía o en Pound o Anden que me conmueva tanto como la frase «no vales el precio de un espárrago fuera de temporada» de Cole Porter.
Sé que Edith Wharton, Henry James y Fitzgerald escribieron sobre Nueva York, pero la ciudad que yo reconocía estaba mejor descrita en los artículos deportivos de ese sentimental reportero irlandés llamado Jimmy Cannon. Os quedaríais impresionados por todo lo que no sé, no he leído o no he visto. Después de todo, soy director, es decir, escritor. Jamás he visto una representación en directo de Hamlet. Jamás he visto Our Town, en ninguna versión. Jamás he leído el Ulises, ni el Quijote, ni Lo lita, ni Trampa 22, ni 1984, ni nada de Virginia Woolf, E. M. Forster o D. H. Lawrence. Nada de las hermanas Bronte ni de Dickens. Por otra parte, soy uno de los pocos entre mis pares que ha leído la novela de Joseph Goebbels. Sí, Goebbels, ese pequeño supositorio de pacotilla que trabajaba como publicista del Führer, probó suerte con una novela titulada Michael, y no creáis que el personaje principal era un chico ansioso y lleno de nervios que no sabía qué hacer para gustarle a la chica.

RECOMENDACIONES

4321 de Paul Auster, p. 205
“He leído tres libros desde que estoy aquí -escribía en la última carta, fechada el 9 de agosto- y creo que los tres son geniales. Dos de ellos me los envió mi tía Mildred, uno pequeño de Franz Kafka que se titula La metamorfosis y otro más extenso de). D. Salinger titulado El guardián entre el centeno. El otro me lo dio Gary, el marido de mi prima Francie: Cándido, de Voltaire. El de Kafka es con mucho el más raro y más difícil de leer, pero me ha encantado. ¡Un hombre se despierta una mañana y descubre que se ha convertido en un insecto enorme! Parece una historia de terror o ciencia ficción, pero no lo es. Trata sobre el alma humana. El guardián entre el centeno es sobre un chico de instituto que deambula por Nueva York. No ocurren muchas cosas, pero la forma de hablar de Holden (el protagonista) es muy realista y verdadera, y no puedes evitar que te caiga bien y pienses que ojalá fuera amigo tuyo. Cándido es un libro antiguo del siglo XVIII,  pero es disparatado y divertido, y me he reído a carcajadas casi en cada página. Gary la ha calificado de sátira política. ¡Yo digo que es fenomenal! Tienes que leerlo, y los otros también. Ahora que los he leído todos, lo que me choca es lo diferentes que son los tres. Todos están escritos con su propio estilo, y los tres son muy buenos, lo que significa que no hay una sola forma de escribir un buen libro. El año pasado, el señor Dempsey nos repetía que había dos formas, una buena y otra mala; ¿te acuerdas? Puede que así sea con las matemáticas y la ciencia, pero no con los libros. Cada uno los hace a su manera, y si tu forma de hacerlo es buena, podrás escribir un buen libro. Lo interesante es que no puedo decidir cuál de ellos me ha gustado más. Se supone que tendría que saberlo, pero no lo sé. Todos me han encantado. Lo que significa, supongo, que toda forma buena es válida.

LECTURAS Y RELECTURAS

De Invasión de David Monteagudo, p.104
En la biblioteca que había dejado su padre -alrededor de trescientos volúmenes, repartidos entre una estantería y un baúl- García hizo jugosos hallazgos, viejos conocidos de la infancia, esos libros que de niño veía a diario, atraído por la portada pero sin la menor intención de leerlos, junto a otros que ahora descubría y que le sorprendían agradablemente, a él, que en cualquier feria del libro huía de las novedades y buscaba más bien en los puestos de segunda mano. García comprendió, desde su visión de adulto exigente, con un criterio ya formado, por qué su padre releía una y otra vez algunos libros; y acabó descubriendo que bastaba con buscar los volúmenes que estuvieran más deteriorados, los más blandos y manoseados, para acertar con la lectura potente y enjundiosa que no le decepcionaría.

García reflexionó a la luz de aquellas largas sesiones de lectura, de aquellos momentos de evasión, de genuino placer estético, en los que la realidad pasaba a un segundo plano, y pensó que había perdido la capacidad de emocionarse mirando a las estrellas, pero no la de aislarse y escapar de este mundo, perdiéndose entre las páginas de un libro; y que si algo le había ocurrido es que se había vuelto más exigente, más selectivo al escoger lo que leía, pues su mayor bagaje y capacidad crítica le impedía disfrutar de ciertas lecturas que en su adolescencia le habrían entusiasmado. Pensó, en definitiva, que se estaba haciendo viejo, pues mientras su cabeza era cada vez más rica, su corazón se iba secando y empobreciendo.

DE LA LECTURA

De La parte inventada de Rodrigo Fresán, p.331
Él leyó en algún lugar -en alguno de esos varios libros cada vez más frecuentes advirtiendo, como profeta en llamas, sobre las consecuencias del fin de la lectura para el cuerpo y el alma humanos- que lo primero que se pierde cuando se deja de leer es una comprensión más o menos clara de la abstracción del tiempo. Si no se empieza a leer de niño, si no se incorpora y acepta la engañosa pero imprescindible idea del tiempo ganado y perdido, del tiempo que transcurre entre el tiempo en que el héroe es condenado y el tiempo de su venganza, dicen que se extravía toda forma de orientación temporal y se habita la idea de un continuum donde todo sucede simultáneamente. Como lo que le pasa al Billy Pilgrim de Slaughterhouse-Five de Kurt Vonnegut. Claro que para comprender -y disfrutar, y admirar-lo que le pasa al Billy Pilgrim de Kurt Vonnegut primero hay que haber leído Slaughterhouse.
Él se había hecho escritor porque era lo más parecido a ser lector. Y cuando él dice y piensa «leer» se refiere a leer libros, a sentarse o acostarse a leer o a leer un libro mientras se camina y se viaja. A pasar páginas para adquirir otro tiempo y otra velocidad. ¿Qué hora es?
La hora que sea en el libro.

No vale -es hacer trampa, no es lo mismo-leer en una pantalla donde el tiempo y la hora son siempre los que marca ese artefacto que se enchufa a nosotros. Así, la chica que le pregunta si leyó todos esos libros es una chica que lee mucho pero que no lee nada y que lo que lee no se mide ya en libros sino en vaya uno a saber qué.

DE LIBROS Y BIBLIOTECAS

De La parte inventada de Rodrigo Fresán, p. 60-61
Una biblioteca sin límites precisos en la que nunca se encuentra el libro que se está buscando pero en la que siempre se encuentra el libro que debería buscarse.
Una biblioteca que, de tanto en tanto, deja caer el fruto maduro de un libro al suelo, como empujado por la mano de un fantasma o de su dueño, que no es un fantasma exactamente pero ... Y el libro se abre y allí se lee, por ejemplo, como ahora mismo, subrayado hace años por una de esas fibras de tintas que resaltan todo con un brillo casi lunar, algo como “No te enojes porque nuestros personajes no siempre tengan los mismos rostros; así están siendo fieles a la vida y a la muerte”. O algo como «Está el folklore, están los mitos, están los hechos, y están todas esas preguntas que permanecen sin respuesta». Y, al lado de esa frase atrapada en un globo de cómic que no conecta con ninguna boca, la irregular letra imprenta manuscrita y pequeña pero tan leíble, tan leída. Letra de alguien que siguió escribiendo a mano a pesar de teclados cada vez más livianos y blandos y plasmáticos. Letra más de científico loco que de médico cuerdo añadiendo, en tinta roja junto a la cita en negro sobre blanco, un «Y esas preguntas sin respuesta no son otra cosa que el folklore y los mitos y los hechos de una vida privada, muy privada: PLEASE, DO NOT DISTURB. Una biblioteca con libros cubiertos de polvo. Polvo doméstico que, en un 90 por ciento, no es otra cosa que materia muerta desprendiéndose de seres humanos y que, dicen, es factor clave para la buena conservación de los libros. Así que no desempolvados del todo ni demasiado seguido y, ah, justicia poética y justicia literaria: nosotros nos deshacemos para que los libros se mantengan enteros y del polvo de nuestras historias venimos y al polvo sobre los libros volvemos. 

Una biblioteca a la que, de tanto en tanto, por accidente y como después de un accidente, desorientados por el shock del impacto, llega alguien para quien los libros y, sobre todo, la acumulación de libros, es un incomprensible misterio. Porque para demasiadas personas los libros se usan y se gastan y qué sentido tiene conservarlos. Ocupan tanto lugar, hay que sostenerlos y pesan, son tan sucios y, aunque no se diga en voz alta, los libros son demasiado baratos para ser algo bueno y provechoso, se susurra. Y, así, una biblioteca que bien puede provocar entre los visitantes accidentales -con una curiosa mezcla de respeto, inquietud y desprecio, como si se refiriesen a invulnerables y abundantes cucarachas, a una plaga o a un virus- un ¿Pero ¿has leído todos estos libros? 

DE LA LECTURA

Orlando de Virginia Woolf, p. 50-51
Su afición por los libros era temprana. De chico  los -pajes lo sorprendían leyendo a la medianoche. Le quitaron la vela, y criaba luciérnagas que ayudaban a su propósito. Le quitaron las luciérnagas y casi prendió fuego a la casa con una mecha. Para decirlo de una vez (dejando  al novelista la tarea de alisar la seda arrugada y sus complicaciones). Orlando era un hidalgo que padecía del amor de la literatura. Muchas personas de su tiempo, aún más las de su rango escapaban al mal y quedaban en libertad de correr, de cabalgar o de enamorarse a su gusto. Pero a algunos los contaminaba un germen nacido  del polen del asfodelo, traído por los vientos de Grecia y de Italia, y de naturaleza tan perniciosa que detenía la mano lista para el golpe, velaba el ojo que buscaba su presa y entorpecía la lengua que estaba declarando su amor. La fatal naturaleza de ese morbo sustituía a la realidad un fantasma,  de suerte que Orlando, a quien la fortuna había otorgado todos los dones –platería,  lencería, casas, sirvientes, alfombras., camas en profusión-. no tenia más que abrir un libro para que esa vasta acumulación se hiciera humo. Desaparecían los  nueve acres de piedra que eran su casa; se evaporaban los ciento cincuenta sirvientes; se volvían invisibles los ochenta caballos de silla; sería prolijo enumerar las alfombras, divanes, tapicerías, porcelanas, platerías, vinagreras, calentadores y  otros bienes muebles, a veces de oro macizo, que se desvanecían bajo la misma como niebla marina. Así era y Orlando se quedaba solo leyendo, un hombre desnudo.

FAULKNERIANA

De La parte inventada de RFresán, p.80
"Lector". Es decir: más tiempo, todo el tiempo, para poder seguir no escribiendo sino leyendo ... Cuando yo era muy joven y todavía me preocupaba de cosas como de mi foto en la solapa de mis libros, una vez posé con una camiseta negra donde, en letras blancas, se leía "So many books ... so little time!'' .. . Me la compré en una librería de New York que ya no existe. Tampoco existe esa camiseta en mi clóset. Desapareció junto a esas otras dos camisetas: una con la leyenda "Likes Like  Like Likes" y otra con la reproducción de la portada de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, donde un amigo diseñador de portadas de discos había in..c;ertado mi rostro junto al de William S. Burroughs. Pero sigo pensando lo mismo, lo de la primera  camiseta. Es extremadamente injusto el que, seguro, ni yo ni nadie disponga del tiempo, de todo-el-tiempo-del-mundo, para leer todo aqudlo que necesita leer primero para escribir después. Para escribir lo mejor que alguien pueda llegar a escribir ... Faulkner, sin ir más lejos. Aquí lo tengo, todos los tomos de la Library of America esperando. Lo leí poco y mal en mi adolescencia, en traducciones deficientes Oo que, también, podría llevarme a todo el tiempo que me falta para releer, para hacer aquello que es como la versión glorificada de la lectura), y ahí está, esperándome aún. ¿Debo? ¿No debo? ¿Ahora? ¿En verano o en invierno? ¿Es mejor que el clima y temperatura del paisaje externo se corresponda con el del Sur de Faulkner? ¿O al contrario? ¿El año que viene? ¿Está listo mi ADN de escritor para recibir semejante estallido y. tal vez, verse alterado para siempre? ¿Quién lo sabe? Ahí está y ahí sigue Faulkner, aullando, como uno de esos lobos peligrosos ·atados de una pata a una cadena cuya longitud no  conocemos exactamente. Así que ¿hasta dónde será seguro acercarte a él sin que te salte encima y te coma la cara? ¿O se coma la pata sin avisarte y se quede ahí, esperándote? Un lobo solitario. No olvidar nunca aquello que dijo Faulkner, respondiendo a una propuesta de Hemingway, en cuanto a que los escritores deberían juntarse y hacerse fuertes, como los  doctores y los abogados y los lobos. Faulkner, por lo contrario, desconfiaba de los escritores que se unían en camarillas y generaciones y que estaban condenados a desaparecer porque, decía, son como lobos que sólo son lobos en pandilla, pero que a solas no son perros…

LIBROS DE 1922

LIBROS DE 1922
Hoy comienzan los Encuentros literarios, que este año se dedica a los libros editados en 1922. Nos reuniremos cada dos semanas y el principal tema será la lectura de los libros señalados. Pero se estudiará algo más que los libros, pues por ejemplo el próximo lunes 12 de mayo analizaremos el mapa de Europa en 1922 para enmarcar ese prolífico año para la escritura. Y el día 26 podremos ver a la guapísima Ornella Muti en su papel de Odette de Swan.
Los libros elegidos son: Carta a una desconocida de Stefan Zweig para el 12 de mayo, Un amor de Swan de Marcel Proust el 26 de mayo, Cara de plata de Ramón María del Valle-Inclán, 9 de junio, El Castillo de F Kafka para el 23 de junio, El cuarto de Jacob de Virginia Woolf, 7 de julio y el Ulises de James Joyce, probablemente ya en septiembre
La selección creo que resume no sólo la historia de la literatura en esos años sino también las tendencias culturales de la época. Comenzamos con Zweig porque es la luz que se apaga, la imagen de un mundo que se ha extinguido; y terminamos con Joyce porque ha sido el anuncio de la literatura del XX y del XXI y también del hombre contemporáneo. Como lo han sido Proust y Kafka; los tres nos han mostrado al hombre moderno, a la sombra de Freud, Einstein y Darwin. También tendremos al mayor escritor gallego de la historia, con una obra de teatro en la que, sin abandonar lo clásico de su modernismo ya nos anuncia el esperpento.  Y al final una tendencia del siglo XIX que ha arrasado en la política del XX y se renueva en el siglo XXI:  el feminismo con la honda tristeza de Virginia.
Las reuniones serán quincenales y la lectura es preceptiva pero no vinculante: Para facilitar el acceso a los textos y al material relacionado, pondremos en el blog una entrada con el enlace a los libros –no tienen derechos de autor- , a sus posibles versiones en el mundo de la imagen y otras informaciones intersantes
Y ¿por qué el 22? No hay años más interesantes, como 1975 con todos los libros que publicó Juan Benet –JB juró no publicar hasta que muriese Franco, tardó un poco en hacerlo, pero al final murió; JB editó entonces la obra pendiente y los empleados de correos protestaron (¿Maldición dijo el cartero? Otro libro de Benet y estamos a 10 de enero)-, o como 1939 con Plá, Cunqueiro, Baroja o Ridruejo contándonos las delis de la época.

SOBRE LA LECTURA

De El loro de Flaubert, de Julián Barnes, p. 128
“él decía que ningún libro que esté bien escrito puede ser peligroso”. Desplacémonos unos setenta años aproximadamente, para entrar en otra familia de otra región francesa Esta vez nos encontramos con un muchacho libresco, una madre, y una amiga de la madre que se llama Mme. Picardo El muchacho escribió posteriormente en sus memorias, cito otra vez: «Mme. Picard opinaba que hay que permitirles a los chicos que lo lean todo. "Ningún libro bien escrito puede ser peligroso."» El muchacho, consciente de la opinión que con tanta frecuencia expresaba Mme. Picard, explota deliberadamente su presencia y le pide permiso a su madre para leer una novela especialmente famosa. "Pero, si mi hijito lee libros como ése a esta edad , dice la madre-, ¿qué hará cuando sea mayor?» «¡Los viviré! », contesta el muchacho. Fue una de las contestaciones más ingeniosas de su infancia; los mayores la repitieron una y otra vez en las conversaciones familiares, y gracias a ella conquistó -según se nos permite deducir- el derecho a leer aquella novela. El muchacho era Jean-Paul Sartre. El libro era Madome Baoary.

¿Progresa el mundo? ¿O simplemente va y vuelve, como un transbordador? 

SOBRE LEER Y ESCRIBIR

De Ensayos y discursos de WF, p. 257
Introducción a El ruido y la furia (Oxford, Mississippi, 1946)
Escribí este libro y aprendí a leer. He aprendido un poco acerca de escribir desde La paga de los soldados –cómo acercarme al lenguaje. a las palabras: no tanto con seriedad, como hace un ensayista. sino con una especie de alertado respeto, como cuando te acercas a la dinamita; incluso con alegría, como cuando te acercas a las mujeres; quizá con las mismas secretamente inescrupulosas intenciones-o Pero cuando terminé El ruido y la furia descubrí que realmente  hay algo a lo que el gastado término Arte no sólo puede, sino que debe, ser aplicado. Descubrí entonces que había pasado por todo lo que había leído siempre, desde Henry James pasando por Henty y periódicos de sucesos, sin hacer ninguna distinción ni haber digerido nada de ello, como haría una polilla o una cabra. Después de El ruido y la furia y sin tener en mente abrir otro libro y en una serie de repercusiones retardadas como trueno de verano, descubrí a los Flauberts y a los Dostoyevskys y a los Conrads cuyos libros había leído hacía diez años. Con El ruido y la furia aprendí a leer y a dejar de leer, puesto que no he leído nada desde entonces.

Tampoco parece que haya aprendido nada desde entonces. Durante la escritura de Santuario, la novela siguiente a El ruido y la furia, esa parte de mí que aprendía mientras escribía, que quizá sea la verdadera fuerza que conduce al escritor al parto de la invención y a la pesadez de poner setenta y cinco o cien mil palabras en papel, estuvo ausente porque yo todavía estaba  leyendo por repercusión los libros que había tragado por completo

LECTURAS DE UN AÑO

LOS GANADORES SON¡¡¡¡
La mano invisible / Isaac Rosa
El lamento de Portnoy / Joseph Roth
El alumno / Henry James
El mapa y el Territorio / Houllebecq
El viaje / Sergio Pitol
Prisión Perpetua / Ricardo Piglia
El viajero más lento / Enrique Vila-Matas
La soledad de los números primos / Paolo Giordano
Un americano / Henry Roth
El espia /Justo Navarro
Estas ruinas que ves / Jorge Ibarguengoitia
El dia de mañana / Ignacio Martinez de Pisón
Los enamoramientos / Javier Marias
El Hacedor (de Borges), Remake / Agustin Fernandez Mallo
New York / Henry James
Los sinsabores del verdadero policía / Roberto Bolaño
De que hablamos cuando hablamos del amor / Raymond Carver
Marcos Montes / David Monteagudo
Las amistades peligrosas / Ch. De Laclos
Via Revolucionaria / Richard Yates
Riña de gatos / Eduardo Mendoza
Punto Omega / Don Delillo
Sunset Park / Paul Auster

CLUB DE LECTURA. LECTURAS PARA ESTE AÑO

Los papeles de Aspern
Un amor de Swan
Intruso en el polvo
Los orígenes del Doctor Faustus
El aire de un crimen
Los sertones
La insoportable levedad del ser
Historia universal de la infamia
La saga-fuga de JB
El gatopardo
Stephen el héroe
La ciudad de los prodigios
Kaputt
El malogrado
Sed de amor
Anna Livia Plurabelle
la copa dorada

LA INDUSTRIA EDITORIAL EN ESPAÑA, SEGUN BARRAL

De Almanaque, Prueba de artista de Carlos Barral, p.179
Ya tenemos tus libros y tus nuevas aventuras editoriales. ¿ Qué decirnos de las macroeditoriales?
Me parece que han tenido una gran importancia en la vida cultural española y en realidad en la vida literaria española y latinoamericana, en el ámbito de la lengua, en los últimos años. Es lo que yo llamaría confusión y catástrofe del mercado de los derechos de autor. Y al mismo tiempo también agudización de los problemas del mercado librero.
¿Qué ha pasado?
Lo que ha ocurrido es lo siguiente: la publicación de libros literarios ha pasado de ser una gestión de la cultura escrita, hecha por editores esforzados, a convertirse en aparentemente un gran negocio desde que practican cuatro o cinco grandes centros de producción industrial que tienen, sobre todo, grandes y eficaces redes de distribución a los puntos de venta libreros, que utilizan los medios de comunicación de masas y básicamente la televisión para su publicidad. Lo cual ha convertido la publicación en una especie de carrera de lanzamiento de libros sin cuenta alguna de su calidad, de su
oportunidad, de su congruencia... De lanzamiento de eso que llaman editoriales millonarias, que son las de los premios u otras, de operaciones descaradamente comerciales. Lo cual ha favorecido a algunos autores, a una minoría de autores que han ganado mucho dinero con eso, lo que es de celebrar. Pero ha perjudicado enormemente a otros y ha hecho que nuevamente el pasar de ser inédito a ser édito sea tan difícil como en los años diez. Cuando, en cambio, era fácil y estaba lleno de garantías de seriedad por parte de loseditores en el año sesenta. Se ha producido eso que además tienerelación de causa a efecto, pero también dialéctica, con un problema concreto de la librería...
¿Cuál?
La librería se ha convertido en lo que se llama una mesa de novedades. Es decir, los libros no tienen duración ninguna, están unos meses allí, como se dice en lenguaje comercial, en oferta. Y luego desaparecen de ahí y no se vuelven a encontrar nunca más. El señor que oye hablar de una novela que se publicó hace seis meses, acude a la librería a buscarla y ya no está. El librero tampoco la busca. El editor ya no sabe si la tiene en el almacén. Ese libro muere. Y, por lo tanto, da a la literatura, en tanto que producto de la imprenta, una vida brevísima. Y la sucesión de modas, caprichos,
estupideces y errores se acumula.,.

SOBRE LA LECTURA

De Marcel Proust, I, 95 (Lumen)
Tras aquella creencia fundamental, que durante mi lectura ejecutaba sin cesar movimientos de dentro a fuera, hacia el descubrimiento de la verdad, venían las emociones que me brindaba la acción en la que yo participaba, pues aquellas tardes estaban más llenas de acontecimientos dramáticos que toda la vida de algunas personas. Lo que yo leía eran los sucesos que sobrevenían en el libro; cierto es que los personajes a los que afectaban no eran «reales», como decía Françoise, pero todos los sentimientos que nos hacen experimentar el gozo o el infortunio de un personaje real se producen en nosotros tan sólo por mediación de una imagen de ellos; la ingeniosidad del primer novelista consistió en comprender que, al ser la imagen el único elemento esencial en el aparato de nuestras emociones, la simplificación consistente en suprimir pura y simplemente los personajes reales sería un perfeccionamiento decisivo. Una persona real, por mucho que simpaticemos con ella, es en gran medida percibida por nuestros sentidos, es decir, que nos resulta opaca, ofrece un peso muerto que nuestra sensibilidad no puede levantar. Si la aflige una desgracia, sólo en una pequeña parte de la idea total que tenemos de ella podremos sentirnos emocionados al respecto; más aún: sólo en una pequeña parte de la idea total que tiene de sí misma podrá sentirse emocionada ella misma. El hallazgo del novelista consistió en concebir la idea de substituir esas partes impenetrables para el alma por una cantidad igual de partes inmateriales, es decir, que nuestra alma puede asimilar.

LA LECTURA

De Intente usar otras palabras, de Germán Sierra
33
Leer, por el contrario, es igual que bailar: es un ejercicio corporal

El componente óptico de la lectura es una confusa danza de los ojos sobre las accidentadas paralelas negras —;y quién sabe cómo después los complicados zigzagueos oculomotores se coordinan con la comprensión sintáctica y léxica!— Contrariamente a la sensación musical, de «relato cantado)), que pueda evocar un texto literario, nuestra mirada no se desliza suavemente a lo largo de las líneas impresas: la máquina ocular (máquina de ocultar) provoca rápidos movimientos a izquierda y derecha, saltos imperceptibles hacia delante y hacia atrás que duran tan solo unas pocas milésimas de segundo y qne abarcan una media de 5 a 10 letras y/o espacios. Entre cada uno de esos saltos sacádicos, los ojos detienen sobre una sola o, como máximo, dos palabras durante un cuarto de segundo, de tal modo que la lectura es, en realidad, una especie de carrera de obstáculos, excepto cuando anticipamos el significado incluso de una frase entera, o nos saltamos los artículos, las preposiciones o los adverbios obvios que damos por supuestos.
Existen dos escuelas de teoría de la lectura: la primera de que lo esencial son las paradas, esos descansos en los que el cerebro aprovecha para beber el sentido de lo escrito, La segunda, en cambio, preconiza que la auténtica lectura es el movimiento, intervalos, el ritmo de las ojeadas. Laberintos y pliegues.

120

RECOMENDACIONES DE LECTURA

20 del 20
Vengadoras angelicales.Karen Blixen
Los embajadores.Henry James
El hombre sin atributos. Musil
Una fábula.William Faulkner
Volverás a Región.Juan Benet
El ruedo ibérico.Valle Inclán
Cuarteto de Alejandría.Lawrence Durrell
Historia universal de la infamia.J.L.Borges
El sobrino de Wittgenstein.T.Berhard
Ulises.
A la búsqueda del tiempo perdido
Molloy.Samuel Becket
Bajo los acantilados de mármol.E.Junger
Los sertones.E.da Cunha
Saga fuga de J.B. Torrente Ballester
Bajo el volcán.E.Lowry
El corazón de las tinieblas. Conrad
Alfanhuí. Sánchez Ferlosio
La edad de la inocencia. Edith Warthon
Los Buddenbrook. Thomas Mann
.






LISTAS DE MIS OBRAS PREFERIDAS
17 de mucho antes
La Biblia
La Ilíada
La Odisea
Antígona.Sófocles
Edipo.Sófocles.
De la naturaleza.Lucrecio
Medea.Eurípides
El banquete.Platón
La República.Platón
Historia de la guerra del Peloponeso.Tucídides
Dafnis y Cloe.Longo
Fragmentos.Parménides
Teogonía.Hesíodo
Poética.Aristóteles
Los argonautas.Apolonio de Rodas
Vida de los filósofos.Diógenes
Ultimos cuentos.Petrus Andrezel
18 de antes
El Quijote
La Divina Comedia
Hamlet
Tom Jones.Fielding
Vida y aventuras del caballero Tristam Shandy. Sterne
Jacques el fatalista.Diderot
Las 120 jornadas de Sodoma.Sade
El paraíso perdido.Milton
Fausto.Marlowe
Soledades.Góngora
Vida de los Césares.Suetonio
Farsalia.Lucano
Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano. Gibbon
Silvas.Estacio
El Decamerón. Bocaccio
De los nombres de Cristo. Fray Luis de León
Las mil y una noches
La Princesa de Clèves. Madame de La Fayette
19 del 19
Cumbres borrascosas.E.Bronté
La regenta.Clarín
Casa desolada.Dickens
Sonata de primavera.Valle-Inclán
El americano.Henry James
Madame Bovary
La cartuja de Parma
Anna Karenina. Tolsoi
La piedra lunar. W.Collins
Bartebly el escribiente.Melville.
Bel Ami. Maupassant.
Orgullo y perjuicio. J.Austen
El doble. Dostoievski
La filosofía en el tocador.Marqués de Sade
Los novios. Manzoni
Jude el oscuro.Thomas Hardy
Robinson Crusoe. D.Defoe
La dama del perrito.Chejov
El extraño caso del Dr.Jekyll y Mr. Hyde. R.L.Stevenson.
20 del 20
Vengadoras angelicales.Karen Blixen
Los embajadores.Henry James
El hombre sin atributos. Musil
Una fábula.William Faulkner
Volverás a Región.Juan Benet
El ruedo ibérico.Valle Inclán
Cuarteto de Alejandría.Lawrence Durrell
Historia universal de la infamia.J.L.Borges
El sobrino de Wittgenstein.T.Berhard
Ulises.
A la búsqueda del tiempo perdido
Molloy.Samuel Becket
Bajo los acantilados de mármol.E.Junger
Los sertones.E.da Cunha
Saga fuga de J.B. Torrente Ballester
Bajo el volcán.E.Lowry
El corazón de las tinieblas. Conrad
Alfanhuí. Sánchez Ferlosio
La edad de la inocencia. Edith Warthon
Los Buddenbrook. Thomas Mann
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LIBROS QUE HAY QUE LEER

GRANDES OBRAS DE LA LITERATURA OCCIDENTAL
LISTAS DE MIS OBRAS PREFERIDAS
LA LITERATURA ANTERIOR A CRISTO
La Biblia
La Ilíada
La Odisea
Antígona.Sófocles
Edipo.Sófocles.
De la naturaleza.Lucrecio
Medea.Eurípides
El banquete.Platón
La República.Platón
Historia de la guerra del Peloponeso.Tucídides
Dafnis y Cloe.Longo
Fragmentos.Parménides
Teogonía.Hesíodo
Poética.Aristóteles
Los argonautas.Apolonio de Rodas
Vida de los filósofos.Diógenes
Ultimos cuentos.Petrus Andrezel
LA LITERATURA P.C.
El Quijote
La Divina Comedia
Hamlet
Tom Jones.Fielding
Vida y aventuras del caballero Tristam Shandy. Sterne
Jacques el fatalista.Diderot
Las 120 jornadas de Sodoma.Sade
El paraíso perdido.Milton
Fausto.Marlowe
Soledades.Góngora
Vida de los Césares.Suetonio
Farsalia.Lucano
Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano. Gibbon
Silvas.Estacio
El Decamerón. Bocaccio
De los nombres de Cristo. Fray Luis de León
Las mil y una noches
La Princesa de Clèves. Madame de La Fayette
LA LITERATURA DEL SIGLO XIX
Cumbres borrascosas.E.Bronté
La regenta.Clarín
Casa desolada.Dickens
Sonata de primavera.Valle-Inclán
El americano.Henry James
Madame Bovary
La cartuja de Parma
Anna Karenina. Tolsoi
La piedra lunar. W.Collins
Bartebly el escribiente.Melville.
Bel Ami. Maupassant.
Orgullo y perjuicio. J.Austen
El doble. Dostoievski
La filosofía en el tocador.Marqués de Sade
Los novios. Manzoni
Jude el oscuro.Thomas Hardy
Robinson Crusoe. D.Defoe
La dama del perrito.Chejov
El extraño caso del Dr.Jekyll y Mr. Hyde. R.L.Stevenson.
LA LITERATURA DEL SIGLO XX
Vengadoras angelicales.Karen Blixen
Los embajadores.Henry James
El hombre sin atributos. Musil
Una fábula.William Faulkner
Volverás a Región.Juan Benet
El ruedo ibérico.Valle Inclán
Cuarteto de Alejandría.Lawrence Durrell
Historia universal de la infamia.J.L.Borges
El sobrino de Wittgenstein.T.Berhard
Ulises.
A la búsqueda del tiempo perdido
Molloy.Samuel Becket
Bajo los acantilados de mármol.E.Junger
Los sertones.E.da Cunha
Saga fuga de J.B. Torrente Ballester
Bajo el volcán.E.Lowry
El corazón de las tinieblas. Conrad
Alfanhuí. Sánchez Ferlosio
La edad de la inocencia. Edith Warthon
Los BuNddenbrook. Thomas Mann

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