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martes, 13 de septiembre de 2016

117. UN DIAMANTE EN BRUTO


Un diamante en bruto
Fatima Amezkua, responsable de comunicación de la Asociación Laztana, julio 2016
Un diamante en bruto no parece gran cosa a simple vista. Solo quienes los conocen bien saben reconocerlos, valorarlos y transformarlos en algo hermoso y muy valioso. El caso que voy a relatar es precisamente la historia de uno de esos diamantes, una historia de lucha y superación, de valor y constancia con final feliz.
Lucía (nombre ficticio) fue un bebe aparentemente normal. Hacia el año de edad pasó de arrastrarse sentada a empezar a caminar, nunca gateó. Pronto empezó a mostrar reacciones exageradas frente a la frustración o frente a cualquier cambio en su entorno que escapara de su control.  Entre los 2 y los 5 años cualquier hecho inesperado  que la contrariase desataba una rabieta extrema que podía durar hasta 2 horas. Nunca era por un capricho sino algo externo que la desconcertaba y perdía el control hasta el punto de volverse agresiva con sus propios padres. Cuando el berrinche terminaba se sentía mal y no comprendía porque se había comportado así con quien más quería. Otras cosas que llamaron la atención de sus padres es que no parecía sentir dolor ni tampoco frío o calor, o al menos no en el grado que sería de esperar. No se le daban bien los juegos de pelota, pero patinaba muy bien y andaba en bici. Tenía problemas de pronunciación por lo que estuvo yendo al logopeda de los 5 a los 7 años sin lograr avances significativos. En infantil no conseguía aprender el nombre de los niños y niñas de su clase, le costó mucho asociar cada color con el nombre que lo designa (azul, rojo, verde…), escribía letras y números en espejo, pero…  cada niño tiene su ritmo decía su profesora.
Todo el que la conocía decía que era una niña muy lista y resuelta, sin embargo, al empezar la Primaria llegaron los problemas en el cole. Ya en primer y segundo curso parecía no rendir lo suficiente, le costaba muchísimo la lecto-escritura aunque tenía buena comprensión lectora, no conseguía identificar fonema y grafema, cometía omisiones, sustituciones, inversiones, escritura en espejo incluso copiando un texto…  Le costó mucho aprender el nombre de los números (no así su manejo conceptual), no conseguía aprender series como los días de la semana o los meses, ni tampoco su fecha de cumpleaños, teléfono de casa, etc.  Se distraía frecuentemente y parecía estar atenta a todo a la vez pero sin concentrarse en nada. Con 8 años aun no se ubicaba en el tiempo, no sabía en qué momento del día estaba, palabras como “mañana, el próximo martes, o ayer” no eran significativas para ella. La profesora consideraba que era vaga y no se esforzaba. Sus padres, sin embargo, la conocían bien. Sabían de su curiosidad constante acerca del mundo que le rodeaba, sus libros favoritos -que leían para ella- trataban sobre el porqué de las cosas, sobre las ciencias de la naturaleza, le encantaba aprender cosas, observar, desmontar mecanismos, comprender cómo funcionaban y volverlos a montar, creaba pequeños artilugios que inventaba con materiales de reciclaje, dibujaba muy bien para su edad y tenía una enorme creatividad. No es el perfil de  una niña “vaga”, es más, no creo que a esa edad haya niños o niñas vagos  porque en su naturaleza está aprender y disfrutar haciéndolo. Y no me refiero solo a los aprendizajes escolares sino también a aprender a controlar sus emociones, su comportamiento, su forma de relacionarse con los demás, etc. Pero para eso deben disponer de un cerebro y sistema nervioso suficientemente maduro y desarrollado como para poder responder a los retos que la escuela y la vida les presentan. Por otra parte, Lucía era cada vez más consciente de su lentitud para hacer cualquier ejercicio en clase, su torpeza al leer (saltaba de línea, leía palabras de atrás a adelante, inventaba el final de las palabras…), los deberes eran una tortura, no conseguía memorizar las tablas de multiplicar… y algunos de sus compañeros empezaron a tildarla de “tonta” cosa que llegó a creerse. Su autoestima se vino abajo y sus padres luchaban día a día por sacarle una sonrisa e intentar que al menos en casa se sintiese segura y valorada.

A los 8 años llevaron a Lucía a un centro para que le hiciesen un reconocimiento lo mas integral posible para detectar qué problemas tenía y cómo podían ayudarla. Cuando llegó el primer diagnóstico se sintieron desbordados: gran déficit de atención con alta impulsividad, dislexia fonético-fonológica, problemas con la memoria de trabajo, muy baja velocidad de procesamiento mental,  lateralidad cruzada ojo-mano, problemas de discriminación auditiva con hiperacusia en unas frecuencias e hipoacusia en otras (resultó que no pronunciaba bien no por problemas de articulación sino porque no distinguía auditivamente algunos fonemas), agudeza visual normal pero con  muchos problemas de visión (de convergencia, acomodación, visión binocular ineficaz, problemas con los movimientos sacádicos y de re-seguimiento, …), también tenía problemas de coordinación motora y de integración sensorial, así como un alto grado de ansiedad y baja autoestima. Complementando el estudio con otra especialista se detectó también que tenía todos los reflejos primitivos sin integrar y muy activos[1] lo que impedía la correcta maduración de muchas áreas de su cerebro y la adecuada conexión entre las mismas (cerebelo, ganglios basales, sistema límbico, córtex prefrontal). Por otro lado, otra doctora especializada en déficit de atención y trastornos de la lateralidad, diagnosticó que su cerebro se encontraba aun en una etapa pre-lateral del desarrollo funcionado como homolateral alternante, no tenía desarrollado del patrón contralateral y la actividad de su cuerpo calloso era escasa, sus hemisferios cerebrales no se comunicaban adecuadamente. Había mucho sobre lo que trabajar. La buena noticia es que todo era consecuencia de un solo problema: un desarrollo incorrecto del sistema neuro-senso-psico-motriz y, afortunadamente, existen terapias de estimulación neurológica que, junto con algunos tratamientos biológicos, corrigen o minimizan estos problemas sin hacer uso de fármacos. Se requiere constancia y disciplina pero los resultados merecen la pena.

Muchos niños y niñas afrontan diariamente sus vidas con este tipo de  “mochila” a cuestas y la mayoría ni si quiera están diagnosticados. Hay múltiples causas que pueden provocaralteraciones en el desarrollo neurológico infantil. Se sabe, por ejemplo, que los niños adoptados tiene una mayor probabilidad de sufrirlas -aunque no siempre sea así- como consecuencia de las carencias físicas y emocionales, falta de estímulos sensoriales y motrices o por intoxicaciones de sustancias que pasan al bebe desde la madre biológica vía placenta (metales pesados, alcohol, drogas, radiaciones...). En el caso de otros niños, los problemas pueden deberse a que no haya hecho el suficiente ejercicio de suelo para lograr una buena maduración cerebral, o que su cuerpo no sea capaz de eliminar correctamente los cientos de tóxicos a los que estamos expuestos, o consecuencia de alguna infección vírica durante el embarazo. Otras veces la causa es desconocida. En cualquier caso, los problemas que se originan son muy semejantes y sólo tratando su causa (y no solo los síntomas que provoca) podremos ayudar a estas criaturas y sus familias a superar sus problemas y brindarles las oportunidades que merecen.

En esta situación, contar con la ayuda de alguna asociación especializada que sirva de guía en el proceso es fundamental para sentirse acompañado y respaldado por la experiencia de otras familias. En palabras de la familia de Lucía, “el apoyo y orientación que nos ha brindado la asociación Laztana[2] durante estos años ha sido fundamental para recorrer este camino, para comprender a nuestra hija y saber ayudarla. Siempre le estaremos agradecidos y por eso prestamos este testimonio para poner un poco de luz y esperanza en tantas familias que seguro están pasando por situaciones similares. Queremos compartir nuestra alegría y contribuir a dar a conocer estas terapias tan eficaces para superar este tipo de problemas y ofrecer a nuestros hijos e hijas una vida mejor y más feliz”.

Volviendo al caso de Lucía, la mayor parte de las terapias que realizó fueron en paralelo con los cursos de 3º y 4º de Primaria que resultaron duros y con unos resultados escolares muy ajustados. Como relata la familia, fueron años agotadores con casi una hora de trabajo diario en casa para aplicar las distintas terapias, mas el colegio y los deberes que seguían ocupando mucho tiempo y esfuerzo. A lo largo de poco más de dos años realizó las siguientes terapias: ejercicios diarios de reorganización neurológica para integrar el patrón contra-lateral, lograr la sincronización de sus hemisferios cerebrales incrementando la actividad de su cuerpo calloso y mejorar su lateralidad (diario, 2 años); terapia BRMT o TMR[3] de integración de reflejos primitivos (diario, 2 años); terapia visual[4] (diario, 8 meses); terapia reeducación auditiva Berard[5] (2 sesiones de 15 días cada una, una al inicio y otra año y medio después); terapia psicológica (1 sesión semanal durante año y medio). Aproximadamente a los 8 meses de iniciar las terapias se le aconsejó empezar una dieta libre de gluten y caseína lo que mejoró sustancialmente el rendimiento de las otras terapias.      

Tras unos 6 u 8 meses de trabajo empezaron a notarse los resultados. La niña estaba mucho más relajada y con mayor capacidad de atención, su nivel lector también mejoró mucho. Al año de iniciar las terapias se le diagnosticó también una intoxicación severa por metales pesados (mercurio, plomo, cadmio, aluminio y plata) que su cuerpo no era capaz de eliminar y que afectaban a su funcionamiento neurológico. Inició un tratamiento con quelantes para ir eliminando progresivamente esos metales de su cuerpo junto con suplementos de vitaminas y minerales de los que tenía carencias. Después de dos años de terapias era otra niña en todos los sentidos, o más bien, era la niña que siempre estuvo ahí pero que no podía florecer. Las terapias acabaron en el primer trimestre de quinto curso de Primaria y, después de haber terminado, la niña continuó mejorando pues el proceso de maduración cerebral ya estaba desencadenado y sin trabas, caminaba por sí solo. Terminó el curso con todo notables y algún sobresaliente, siendo una de las niñas más atentas, trabajadoras e incluso rápidas de la clase para sorpresa del profesorado que dos años atrás no hubiera creído posible esta evolución.

Sigue siendo disléxica pero incluso muchos síntomas que Lucía tenía que se asocian a la dislexia y que hacen de ésta una condición aun más compleja, desaparecieron. La dislexia es también un don y, posiblemente gracias a ella, Lucía tiene una creatividad impresionante, alta capacidad de visión espacial, gran habilidad para resolver problemas analizando la situación desde diferentes ángulos de una forma integral, es capaz de ver lo que a otros se nos pasa por alto, tiene grandes dotes artísticas y un futuro prometedor.

Lucia es una niña responsable y trabajadora y ha aprendido una lección más valiosa para la vida que cualquiera de las que aparecen en los libros de texto. Lucía sabe lo que significa el esfuerzo y sabe valorar lo que ha logrado. Es una niña feliz que a menudo grita “¡Soy la mejor!” y tiene razón.  Llegará donde se proponga porque alguien creyó en ella y supo descubrir ese diamante en bruto y encontrar a quienes podían enseñarles las herramientas para pulirlo y dejarla, por fin, brillar.     



[1] Qué son los Reflejos Primitivos: http://www.blombergrmt.es/reflejos-primitivos/
[2] Asociación LAZTANA: http://www.asociacionlaztana.org 
[3] BRMT o TMR (Terapia de Movimiento Rítmico del Dr. Bloomberg):http://www.blombergrmt.es/brmt/
[5] En qué consiste el método Berard de reeducación auditiva:http://www.es.berardaitwebsite.com/metodo-berard/por-que-hacer-ait-de-berard/

miércoles, 10 de diciembre de 2014

115. QUIERO DAROS LAS GRACIAS



Escribo para daros las gracias porque si no hubiese encontrado vuestro blog hoy mi hija estaría dando tumbos con la medicación; probablemente e incluso hubiesemos incrementado los problemas.

Porque son siempre TDAH cuando no encajan en el sistema educativo? ??

Mi hija siempre tuvo problemas en el colegio para aprender, una niña muy curiosa y creativa e inteligente, pero que se distraía constantemente  en el colegio aunque yo me apañaba para sacarla adelante y conseguí incluso que jamás repitiese ningún curso. Algo que no comprendía porqué el colegio nada podía hacer si yo solita y con paciencia podía y yo no era una profesional de educación. Muchas profesoras intentaban buscar algún diagnóstico, me llegaron a decir que era disléxica, algo que nunca fue, sólo  una niña que se aburría en clase y sólo aprendía aquello que la interesaba. Fue una de sus profesoras la que me habló del TDAH que habiendo leído sobre ello  creía mi hija lo era y que mejoraría con la medicación.  Cuando me lo sugirió no me gustó para nada la idea. Y yo segui como hasta entonces ayudandola en todo hasta que llegamos a 4 de primaria y la situación fue insostenible más que nada porque había más hermanos a los que ayudar. Me negaba a crerlo pero ante la insistencia del colegio decidí hacerlas las pruebas; la primera psicóloga me dijo que solo tenía un poco de deficit pero nada más.  Así que la profesora me sugirió buscase una segunda opinión en un hospital con un neurólogo. Curiosamente de alli con cuatro preguntas y poco más salí ya con la receta para medicarla. Estuvo parte de 4 de primaria y en 5 se la quité por mi cuenta. Mi hija no era mi hija medicada, una niña alegre y simpática parecía un zombie triste, a parte de los cuantiosos cambios de humor y de las taquicardias en el corazón. Aquello me parecía una aberración y me negaba a creer que esa era la única solución,  fue cuando buscando otras alternativas por internet os encontré . Cuando os leí me sentí completamente identificada. Y por fin veía un poquito de claridad en mi lucha por buscar algo que no perjudicase la salud de mi hija.

Gracias a vosotros fui a ver a Eva Rodríguez  de TMR,  un encanto. Gracias a ella me derivó a una oculista que detectó que mi hija tenía las gafas mal graduadas con lo que perdía mucho tiempo en enfocar la pizarra y luego el cuaderno. Así que primer gran cambio que la hacía distraerse un montón. Con los ejercicios de TMR y siendo muy constantes fuimos viendo en cuestion de poco tiempo unos cambios espectaculares. De pronto mi hija comenzó a jugar sola por horas. Algo imposible antes en ella. También comenzó a colorear los dibujos y a LEER LIBROS, que antes no era capaz de hacer por su movilidad constante y su poca paciencia.

Cuando regresamos al colegio empezaron los cambios y de repente comenzó a estudiar y a aprobar por sí misma. Aunque aún nos costaba mucho esfuerzo. Fue cuando empezamos a ver sus verdaderos problemas con las materias que llevaba arrastrando desde hacia mucho: falta de hábito de estudio, falta de organización en sus tareas, etc. Y por fin nos pusimos a corregir estos problemas. 

Desde que dejó la medicación en 5 de primaria a 1 de la ESO curso actal, ha llovido mucho y por fin han empezado a dar sus frutos. Algo de lo que ella está muy orgullosa y yo como su madre también. No se adonde llegará pero de lo que sí estoy segura es de su completa felicidad y de que ahora ella domina su futuro.

(Mamá que prefiere mantenerse en el anonimato)