viernes, 30 de diciembre de 2011

La liebre robot y la chistera.

Ha sido un año agotador, de evaluación contínua, como la egebé. Tal vez por eso he llegado a las últimas páginas de la agenda sin ganas para proponerme nada. Tengo las dos hojas en blanco, mirándome con cara de malas del barrio- a que no te atreves- y sigo caminando con las manos metidas en los bolsillos mientras pego patadas a una piedra:  Ni dejar de morderme las uñas, ni el régimen, ni levantarme para saludar al sol, ni ahorrar para periquitos balineses, ni ponerme el sérum cada noche, ni reformar el blog, ni dejar el gin-tonic 
(ahora que con un poco de suerte se pasa la fiebre de la copa de balón, el perejil y las bayas y vuelve a ser una bebida viejuna, de las que solo pedimos cuatro y queda paletísimo pedir London en los bares y bajan los precios y vuelve el francés de las gafitas de concha a los anuncios de swcheepes y te lo ponen en vasos de tubo o rescatas del mueble- bar de tu madre los restos de la boite y te chutas en soledad, aquí mi Xoriguer, aquí servidora, después de cenar, sin prisas ni espectáculo, sangre de riot en las venas y, en fin, en fin, ahora no me pienso quitar ni yo),
 ni escribir novelas de caballería mes sí -mes no, ni recuperar las amistades perdidas aunque fueran peligrosas de esas que te chupan hasta el último hálito, ni apuntarme a clases de pádel, ni disfrutar de mi tiempo libre (qué coño, reivindico mi derecho al aburrimiento, que es algo que me están prohibiendo desde la infancia : "Eva, no se puede ser una niña aburrida"  y claro, una que es de extremos se lanza sin paracaidas a la hiperactividad y no hace nada bien, es lógico) ni sonreir treinta y siete veces al día- tantas como nuestra temperatura corporal- para fortalecer el blanco de mi aura (que está  un pelín parduzca con los sinsabores de la época) ni dejar de defraudar al fisco (need a erasmus en washington, pordiosss, si ese es mi castigo, que hagan de mí lo que quieran pero que me envíen a una casa blanca entre abetos- barrio residencial y equipo de ralph Lauren- que muero de la emoción y declaro el seis de febrero lo que les apetezca, pero mándenme una temporadita al extranjero por favorrr) ni hacer buena letra, ni tirar los papeles que encuentro por la calle (cartas de póker en el suelo, mensajes inacabados, listas de la compra, graffitis de amor) ni ponerme en la piel de la prima de riesgo, ni besar el pie de los mercados, ni fabricar ingenios de gratis para el tuiter, ni dejar de hablar de mi libro, ni firmar manifiestos que indiquen que no estoy-donde-estaba-ni-estaré-donde-me-busques, ni santificar mis fiestas de verano, ni morder en los polvos, ni ser la única gallina de corral- vieja y con ganas de arroz hasta que se me caigan los dientes- ni qué bello fue vivir, ni dar capotazos al aire para ver cómo pasa la brisa por medio, ni from lost to the river (que allí, en el río, solo nos espera un vídeo de Miguel idem), ni me quitte pas, ni me guardes ausencias que yo estoy cumplía y no me tienes que dar nà. Ni songs. Ni projects. Ní-agara.
  Uffff,
()
(...)
(......)
Tomo aire y respiro.
(Dentro y fuera)
 Uffff
Respiro como me enseñaron en pilates, por la barriga.
Me he quedado con ganas de quejarme del turno de oficio y de maldecir a mi molt honorable y a la generalitat- desde el último correo certificado del conseller me siento Nancyputa, que es una expresión que no conocía pero que ahora me gusta mucho, ingénua y además explotada sin gracia- porque a mí me están estafando, como a todos los abogados de la comunidad valenciana, pero a los que están haciendo el daño, a los que están robando con absoluta inmoralidad es a los ciudadanos que tienen derecho a la justicia y carecen de medios para pagarla, a esos, mis muy nobles señores, les están regateando los derechos fundamentales, lo básico- basíquísimo, luego no vengan a disculparse por lo estrecho de la coyuntura ni por las sisas de sus trajes. Yo seguiré trabajando hasta que la heroicidad de pasillo y cuartel de pueblo me ahogue, seguiré pagando mis impuestos y préstandoles el sudor de los tiempos a cambio de excusas gratuitas. Pero no por ustedes, mis honorables señores, sino por una cuestión de ética y dignidad. Que son dos variables que ustedes parecen haber olvidado en este tema.
....
uffff
....
ahora sí.
Cierro.
Corto y cambio, apago el walkie-talkie.
Me voy a la calle, vestida de rojo-clavel de acera.
Que seais muy felices.
Solo eso.
Felices sin pretensiones.
Felices sin más.
Con la cartera de ministros de vuestras vidas llena de contradicciones o de coherencia. Como queráis.
Felices como cuando nos enseñaron la palabra "magia", sin buscar explicación.
Ni rédito.
Que ya veremos dónde se esconde nuestra suerte.
Mientras tanto, brindemos:
Feliz año.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Et maintenant

Al 2012 solo le pido un pequeño París. Una escapada para comprobar que existe. Sin teléfonos, ni cuentas en rojo, ni remordimientos, ni necesidad de pegar la nariz en los escaparates de Chanel o Dior. Un espacio en blanco donde solo quepan croissants, una copa de champán en cualquier plaza que convertiremos en nuestra favorita y todas las palabras que aún no me he atrevido a pronunciar pero que suenan a secretos escondidos debajo de las hojas. Una noche en un bistrot en la que conjurar a Borges, Cortázar y a Martín Romaña, a todos aquellos que buscaban entre las calles del Barrio Latino la necesidad de contar. Una noche de quesos, vino y farolas con los ojos brillantes y los tacones torcidos. Un abrazo que peine las pestañas mirando el Sena, en el pont Neuf. Un empacho de impresionismo. La delicada caligrafía de las señales artnouveau del metro. Bandadas de pájaros grises, como los soldados alemanes, alejándose de nuestra buhardilla. Un vestido azul. Un rayo de la intensidad de Ingrid Bergman. Una mano que cuide, como la de Rick.
Solo le pido a este año un pequeño Paris, para creer, por una vez, que no solo que siempre nos quedará, sino que existe.

martes, 27 de diciembre de 2011

Más bonita que ninguna


Ayer Belu y yo cotilleábamos por algunas librerías- cafeterías de Ruzafa cuando encontramos una joya entre los lanzamientos de editoriales independientes: "Una cazuela de barro al fuego con aceite", la libreta de trucos y tratos con el pimentón, las acelgas y las ñoras de Visitación Pérez Moreno, una "yaya" de memoria increíble y comidas semanales con sus nietos, publicada por Slaughterhouse. Uno de esos libros de tarde en Navidad, de los que se leen a fuego lento.
Me lo llevé. No me cabía otra solución. Venzo el insomnio con el blog de "El comidista", llamo a mis amigas los fines de semana para atracarles y llevarme el secreto del arroz al horno y cuando estoy triste o la vida es un colchón antiguo de plumas que se hunde más abajo del pavimento, me dedico al arte del puré con tal pasión que me veo preparando potitos para adultos: de alcachofa con parmesano y pera. De calabaza con manzana y curry. Potitoterapia, me digo.
Me fascinan las cenas en casa, por otro lado. Antes como era más torpe que ninguna no pasaba de las ensaladas y los revueltos de plásticos de río (Véase mi revuelto japonés, fukushima de caviar) pero eso sí, como en las series de la HBO, abría una botella de chardonnay antes de mirar mi reflejo sobre el dorado de la cazuela de barro y me lanzaba al fuego en un acto kamikaze. Siempre llegaba sudorosa y al borde del ataque cardíaco cuando llamaban al timbre los invitados.
Pero la crisis- personal y económica- de los dos últimos años, sumada a mi adicción a la sopa (primero probé con los fideos, después me pasé al Miso japonés que me noqueaba solo con notar el tofu resbaladizo balanceándose por la boca y ahora quiero darme a la cebolla francesa) me ha cambiado. Los de la tienda de ultramarinos de la avenida- David Y Santi- también han tenido algo de culpa. Si no fuera porque me miman todos los días y me ponen el menú fácil, yo seguiría royendo un trozo de queso manchego cada noche, antes de caer derrotada en el sofá. Pero desde que ellos han tomado posesión de ese trocito de mi vida e intercalan chistes con puerros, calabaza troceada y unas alcachofas riquísimas yo me he lanzado al mundo de las recetas.El universo de mi vitrocerámica, un continente nuevo y desconocido que se abre ante mis mediodías.
Belu, Miss B y Paula también han tenido que ver en el proceso: La primera con el consultorio gastronómico-telefónico, la segunda con sus recomendaciones de blogs culinarios (y una sesión de pasta fresca pendiente) y la tercera con el aroma del pisto - el famoso exquipisto de la Tramontana- de aquel verano en Peñíscola o los tuppers de albóndigas de su madre. Las tres juntas con esa  curiosidad risueña del que disfruta cocinando, probando postres nuevos, mezclando ingredientes  y no cree que está perdiendo el tiempo.
   Y ahora  que paso más tiempo en casa,no me faltan las ganas y prefiero que me conquisten con una excursión al mercado- eligiendo los tomates de Villafamés más sabrosos o controlando las fechas en las que hay bancos de doradas-  e invitándome a galeras o a un arrocito con cigalas, antes que me aborden en una barra y me vendan las virtudes del perejil con el gin tonic, de lo más digestivo. No hay nada que me enternezca más ni me que kriptonite tanto como un hombre en la cocina, entre el pimentón y la cayena. Suenan los Pixies- "Here comes your man"- y se me pone la carne de gallina al pensarlo. Un subidón  de hormonas- viejunas, reproductoras in extremis y si me paso de cursi, de la sección femenina revisitada- me ataca. Me devora el ansía (llámese deseo, "There's a light that never goes out") y parpadeo siete veces seguidas, antes de erizarme como un gato. Vuelvo al sorbo de chardonnay para recuperarme, intento mantener la calma  y si puedo- o si no puedo también-  me dejo querer, besar y hasta mimar.
    Por eso, entre tantas razones o historias, ahora, en estas fechas, he buscado en el escritorio de mi madre y he encontrado su libreta de anillas, con la caligrafía pulcra y las medidas imposibles de determinar: cucharas, cucharitas, cucharilla, cucharadita. Una pizca. Un hervor. Los términos que me suenan a realismo mágico: sachí, fuego vivo, trufa, magro, almendras tostadas, chocolate, trufas morellanas...Las unidades de tiempo que ahora resultan imposibles: cocer a fuego lento durante,,,tres horas.Le he pedido permiso para ir copiándome alguna (pretendo hacerme con todas, pero de momento voy a ir poco a poco, para que me ayude en la traducción y actualización de sus textos) y he escogido una moleskine roja, de tapas duras y rayas francesas en la que además iré dibujando lo que se me ocurra. O pegando recortes, canciones, ciudades, vinos y nombres a los que tengo atado ese sabor preciso, o algún chiste de Forges, para variar.
Voy a pedirle a miss B su receta de pasta fresca (la canción es "Criticarem les noves modes de pentinats" de Manel), ya le he anunciado a Marcos que necesito la fórmula secreta de la tortilla de alcachofas de su madre (Sonará "Verónica" de Elvis Costello, mientras la prepare) y Aida, allí donde estés- q espero q no muy lejos aunque no te haya encontrado hoy por teléfono- deberías mandarme un mail de la brandada de bacalao con la que nos conquistaste un poco más una tarde en Madrid (y el título de la canción de Astrud que tú elijas, aunque yo soy mucho de "Los novios instantáneos"). Me encantaría cambiar la de mis pelotas de Navidad ( un villancico del Betlem de la Pigá, con música de Matilde Salvador) por la de turrón de yema casero. O la de los callos con chocolate con la que se martirizaba a los novios que por primera vez entraban en casa de mi abuela con alguna intención seria de casarse con su hija ("Señora" de Serrat), por la de un gazpacho manchego, un potaje de Viernes Santo o simplemente las de las croquetas de una abuela tierna y tibia, como la mía.
De momento ha quedado inaugurada esta libreta- a la que le deseo longevidad y manchas de grasa- con caldo de Mariajo, un exquisito consomé dorado que me ha hecho hoy tener dos nuevas amigas en la carnicería del mercado y que yo imagino servido en una vajilla checa, sobre un mantel de hilo de los que ponían en el ajuar ("Niña imantada" de Love of Lesbian, que vuelven a mi vida). También se me han colado en las primeras páginas mis grandes éxitos postizos, el taboulé de Ana Royo ("Bambú" de Antònia Font) el gazpacho sevillano de Pilipili, para el que he escogido una de Lori Meyers. Mataría también por alguno de los platos que mi amiga Belén cuelga en el facebook desde alemania y más aún por echar un ojo a los suquets de peix que su madre prepara. Añadiré el arroz alicantino de la finca de Joaquín ( aprenderé algún día a hacerlo mientras escuchamos "Insurrección" de El último de la fila) y espero que algún día Inu me confiese el secreto de los panqueques o del asado de tira para que suene en mi casa "El palacio de los cisnes" mientras yo bailo con el delantal de cuadros y con zapatillas.
En fin...que he robado-plagiado y copiado tantas ideas como he podido y sigo queriendo hacerlo por convertir mi casa un lugar al que apetezca volver. Volver y quedarse, de tertulia o de merienda. Porque en realidad es para eso para lo que necesito la libreta, para ir apuntando las direcciones, los caminos y los atajos que llevan a eso que llaman "hogar". También para que no desaparezca esa sensación de bienestar que yo tengo todos los días, cuando abro la puerta de casa de mis padres y me doy cuenta de que el techo jamás se derrumba sentada en su mesa.
  Ni Elena Santonja, ni Adrià, ni Visitación Pérz Moreno, ni Arguiñano,  ni Rosa Benito ni Arzak ni Mikel Iturriaga. A todos ellos les agradezco el entretenimiento y las ganas de probar. Pero esto solo es una libreta de rayas, con instrucciones tan tontas como las necesarias para cocinar unas lentejas un día de guardia. Tal vez con alguna falta de ortografía, quizás hasta las clásicas- Rallar, albóndigas-, pero eso sí, como es la mía y tiene tanto de mi vida, de mi familia a mí me parece "Más bonita que ninguna".
 (Hay q ver lo ñoña que estoy yo hoy, joder)



lunes, 26 de diciembre de 2011

Lo que queda de la Navidad

Lo que queda de la Navidad son Frida y Justine jugando su particular mundialito con las bolas del árbol que compramos en los chinos. También la recopilación de los libros de cocina apilados contra el microhondas y un propósito para el 2012: redactar mi propio recetario (copiar al comidista y selecccionar si puedo, canción para cada guiso). Lo que queda de la Navidad es un estado de cuentas en rotulador rojo, resultado de la falta de previsibilidad y de la aritmética de los regalos. También un montón de christmas que no he llegado a enviar y que siguen ahí, mirándome de soslayo desde la esquina del escritorio: un "Yanoeresloqueeras" con rotulador plateado y fondos de intermón. 
Lo que queda de la Navidad son los nuevos ritos que año tras año vamos incorporando para hacernos unas fiestas a medida: la cena en casa con Paula, Miguel y Antonio, las copas intempestivas en Spoonful cualquier tarde, la representación de "El Betlém de la Pigá" en el que este año debutaban mis sobrinos (donde  Juan, cómo no, se ha salido: se ha aprendido todos los papeles, incluido el del narrador, y conquistó al patio de butacas con su versito a grito pelado en mitad del escenario), el desayuno la mañana de Nochebuena con Antonio, entre prisas y un sol de invierno que estallaba entre los croissanes y el aperitivo horas más tarde, con mis amigas del colegio, peleándonos por un patinete.
 Lo que queda de la navidad son los reencuentros y las ausencias. Los abrazos con los ojos brillantes, las despedidas de más y mejor para el 2012, las ganas de que perdure y no, no, no nos separemos nunca. Quedan los discos en los que he caído hasta el fondo- como el de Fran y Richi este año, "El problema de los tres cuerpos"- y que me han acompañado a todas partes. Las lágrimas en la autovía de vuelta de Valencia, pensando cuántas veces  has querido decir eso de "Aviso que voy a quererte demasiado" sin que sonara obsesivo y cómo resulta tan hermoso en "El milagro de Milán".
Lo que queda de la Navidad es el saludo de la báscula cada mañana, cabrona como un teniente de las FAR, la intención de no repetir de sopa de pelotas y de no flotar con el turrón de yema de casa Gargallo.
Queda una saudade tibia en el cajón de la mesilla, donde se guardan las cosas que salvarías de un temporal en Nueva Orleans: las tardes de Navidad en las que cogíamos los patines y nos íbamos a recorrer Benicàssim; los regalos sorpresa que me esperaban en tu coche; las visitas inesperadas después de la misa del Gallo. 
También quedan como un montón de confetti dispuesto a salir volando por la terraza,  las llamadas para las que me han sobrado teclas. Las de aquellos a quien he querido y cada vez que se alejan me arañan el tuétano. Aquellos que fueron mi navidad, mi día de reyes o mi año nuevo en pleno mes de agosto  o   en otra ciudad. Resiste en el saldo de estas Navidades  la sensación de que  me han pasado volando, sin darme tiempo para volver a llorar con la soledad de Jack Lemmon en "El apartamento" o de zambullirnos en un novelón como "Libertad" entre mantas y tés de frambuesa.
Lo que queda de la Navidad es la imagen de la avenida desierta y mal iluminada pasado el último minuto del día veinticuatro. El pijama calentito sobre el radiador, las burbujas de la copa de champán frances que me suben la escalera y el penúltimo deseo del año. Queda cerrar los ojos y soñar  que amaneces conmigo cualquier mañana entre papel de celofán y promesas de que algo  nos está cambiando, sin necesidad de espumillón ni villancicos.
Que disfrutéis mucho.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Pastel de carne

Mientras mi madre sigue en un ay las noticias sobre el escándalo Urdangarín y mi padre organiza porras- que ni el derbi, hay que ver- acerca de los días que quedan para imputar a Sigfrido, yo me centro en la proximidad de las Navidades: organizo armarios, preparo tuppers de purés, busco regalos asequibles, memorizo las recetas de la abuela y anoto en listas las instrucciones de uso de las próximas vacaciones. Llevo una temporada en la que todo me deslumbra y me crea adicción, ganas de más. Me despertó la novela de Franzen, "Libertad" y me pasé tres semanas en vela, leyendo "Ana Karenina" para rebozarme en los rusos, de los que Franzen tanto toma. Después llegó a mis manos el recetario de El Comidista, con la sugerencia velada de crear una lista en spotify con la música que él recomienda para cada uno de sus guisos ("Llamadas perdidas " de La Costa Brava era para una crema para untar de queso con berberechos;  "Doolittle" de Pixies iba unido a un pastel de ternera guisada y acelgas, de este modo se puede escoger menú en función del apetito musical, a mí la idea me encanta) y ultimamente no me sacan de la cocina. Casi en paralelo coincidieron  el mismo fin de semana en esta ciudad-que nunca será Manhattan-aunque yo lo quiera, la presentación del último disco-libro de Javier Krahe, "Toser y cantar" con un concierto hipnótico en el Terra y la poesía audio táctil visual de los sevillanos de la Palabra Itinerante, a los que me hubiera llevado a casa para preparar un puchero en la terraza de no haber sido porque tenían que devolver la furgoneta al día siguiente en Sevilla.
 A través del blog de Sergio del Molino supe de la llegada- por fin, por fin- de su libro, "El restaurante favorito de Nina Hagen" gracias a la editorial Anorak y me emocioné al verlo hecho papel, después de un año de hospitales y tristezas, con una portada hermosísima y un contenido que, hace un año ya era fantástico y que ahora, tras varias vueltas autor-editor, imagino más brillante. No pude estar en Portadores el día de la presentación, pero ví las imágenes y los discursos. Del Molino apareció esa mañana en el Heraldo reivindicando el uso del pijama en su profesión y hasta la basilica del Pilar se tambaleó un poco. Del Molino sabe qué se dice, las revistas de moda este mes de diciembre han aclamado por unanimidad la propuesta de Sofia Coppola para Louis Vuitton y esta no es otra que el sacar el pijama a la calle. No sabía que esta señorita fuera fan de uno de los Sergios de Zaragoza, pero me temo que se le ha copiado. En cualquier caso yo soy muy de los dos, cada uno en su ramo, así que estoy revisando mis esquijamas para darles un toque cosmopolita y pasearme por el barrio estas Navidades presumiendo de ellos.
 Más.
Teatro y elecciones. Hoy Nuria Espert daba la última representación en Valencia de " La violación de Lucrecia" de William Shakespeare. Yo, como soy una tortuga y nunca me despierto a tiempo, me he quedado sin entradas y con las ganas. A Nuria Espert solo la he visto una vez, en Sagunto, en el festival de teatro clásico con José Sancho, en "Medea" y me impresionó su fuerza, aunque no me gustó del todo. Pero me apetecía mucho repetir y en Castellón seguimos anclados en una programación teatral de revista y verbena, no avanzamos, así que tendré que abrir los ojos para que no se me escape lo que sucede por Alicante y Valencia.
Tras las elecciones se ha levantado el telón y el Tribunal Constitucional ha eliminado la suspensión de la aplicación de la ley de la Comunidad Valenciana sobre las relaciones de los progenitores con los hijos, la famosa guarda y custodia compartida. Quiero pensar que han sido los plazos y la casualidad, pero qué ocurrencia la lectura de todo junto, los resultados y sus efectos.
Paula Caballero expone sus ilustraciones en las Naves, también en Valencia. Yo intento camelar a alguien para que me acompañe a verla- necesito comentar sus dibujos- me chiflan sus escenas y sus collages desde hace mucho tiempo. Propongo plan after naves en Ruzafa, compras navideñas, buñuelos en Santa Catalina, pero da pereza la autopista y aquí también hay calles iluminadas, así q termino en la vía verde, dando un paseo con Magda- mi amiga- y Teo- su hijo- apenas nos acompaña nadie. El mar brilla como nunca y la Renegá parece un óleo.
  Sigo con las clases de francés, con el gimnasio, con el despacho en pie de guerra y con las ganas de tener un e-book y escaparme a Londres. Lo digo así porque me queda un regalo de cumpleaños en la recámara y no sé a qué destinarlo, al e-book o al viaje. De momento el dinero sigue quieto. Todo sea que al final me escape a Paris, como pensaba hacer al principio, y desayune junto al Pompidou, con boina y bufanda de colores.
 Y para rematar esta fase evaquetodoloabsorbe he de decir que ya me está entrando el gusanillo del Tanned Tin, con "Amor de días" a la cabeza, pero que ultimamente a quien sigo, y me da cierta vergüenza reconocerlo, es a Risto Mejide. No soporto "Tú sí que vales" me parecería tan aburrido y casposo como "Gente Joven" de no ser por él. 
 La frase que dijo el otro día deberían colgármela delante de casa con luces de neón:
  "Un día me dijeron que si lo que quería era ser joven, que mantuviera siempre los proyectos y no me acomodara en los recuerdos".
Malcito, era parecido, more or less. Pero estas navidades parecen las de los veinte años, se asoman a la ventana llenas de ideas. Veremos.

Ps2: La fotografía es de Jackie Rueda, la he robado a través de Google. Gracias.
  

martes, 6 de diciembre de 2011

Prósperos de premios


La semana pasada, a estas horas, yo tenía un proyecto windowsmoviemaker de veinte minutos de duración para la fiesta sorpresa de alguien que es más- Buby más- que uno de mis mejores amigos. Había conseguido robar ratos sueltos al despacho, las clases de francés y el gimnasio para revisar cerca de qunientas fotografías, había preparado con Rosa (la mujer de mi más que amigo, mi hermana, mi otra mitad) y  con otros amigos ajenos a la fiesta (Gus, Belu y Andrea) un photocall que parecía la portada de una entrevista en profundidad de El País Semanal. Había reunido- dejénme contarlos-dieciséis textos y más de cien anécdotas sobre su vida. Tenía montado un guión al estilo de ciertas corrientes de novela: un principio sacado de una ley física, dos referencias cinematográficas, tres momentos de sinceridad extrema y el juego de las versiones más crudas de sus canciones de los Beatles para sazonar las imágenes inéditas de su infancia. Además contaba como compañero en esta aventura- desesperados productions-  a otro de esos hombres tranquilos- mi John Wayne- que la vida nos pone cerca, a Antonio, que domina a la perfección este tipo de programillas y tiene un gusto exquisito para el zoom, las transiciones y los fundidos en negro.
Todo estaba casi controlado a las 9.45 de un sábado.
De un "Sábado"- pensé- como en la novela de Mc Ewan que es mi amigo, el homenajeado. 
Y me metí en la ducha después del desayuno.
No he contado que hasta ese momento había conseguido evitar lo más importante en esta misión. Lo más importante para mí, lo que más me preocupaba, era terminar el vídeo- el fotomontaje sin escribir sobre Buby.


(Vaya, parece que no soy tan buena amiga como decían, ¿no?)


Había hecho que los demás se sentaran- látigo en mano, chas, chas- a desnudarse frente al teclado para esconderme tras sus palabras. No era algo casual ("Rosa, no me da tiempo") no. Era algo premeditado (no puedo, no puedo, me dá pánico hacer trampas) que me robaba el sueño desde hace más de un mes, más o menos  cuando Rosa empezó a organizar en la sombra esta fiesta de feliz sí cumpleaños. Yo escribo mucho. Ni bien ni mal. Escribo. Ya de pequeña tenía una obsesión absurda con la caligrafía. Con los cuentos. Eso hace que me copie trucos de escritores para castigar a mis amigos. O que tenga un blog como este, en el que divaneo y desmenuzo mis pesadillas.Pero escribir algo sobre un amigo es diferente: exige sinceridad y compromiso. Honestidad limpia de metáforas. Y yo soy una corrupta que se justifica pronto, trabajo como abogada, ya sabéis,  algo he aprendido con los años.
No quería pecar del exhibicionismo italiano. Quería ser en la fiesta una dama de los Hamptons. Así que me propuse no escribir, atarme las uñas, morderme el pilot. Casi lo consigo.
Casi.
De no ser,
por
por
...


Ahora debo interrumpir mi relato del sábado para introducir este apéndice:


Razones por las que no podía escribir sobre mi amigo sin nombre
(lo que nunca conté)

1. La primera vez que ví a Buby fue en una villavesa- autobús en pamplonica- al comienzo de nuestro tercer año de universidad. Él iba al centro, a dar clases en un centro donde recogían a niños con problemas. Yo, a la papelería más cara de la ciudad, a calmar mi ansiedad con lápices de colores. Era diciembre y sonreía con ese aroma nescafé que siempre destila: al segundo de conocerle sientes que has pasado con él media vida. Me gustó. Me gustó mucho. No ví si era guapo- tenía la nariz grande, Rosa y yo valorábamos mucho los hombres de nariz grande- si tenía buen tipo- Rosa siempre dijo que sí, que tenía un tipazo- ni si había química (yo, por aquel entonces, no tenía química con nadie, era un fardo de libros, inseguridades y miedos escondidos en un chándal de mistral regalo de mi padre para que estudiara)que ya aclaro, no la hubo. Después él fue viniendo por el piso a estudiar, cenar y a discutir con Rosa y yo me enamoré. Fueron solo unos meses, pero a mí me parecía el hombre más increíble del mundo (ahora me lo sigue pareciendo, pero sin mariposas y otras tonterías). Hablábamos sobre una novela que a los dos nos gustaba mucho, "Alamut" de Vladimir Bartol, discutíamos sobre la madurez en la tinat azul (yo) o en la negra (él) y en enero me apunté a dar clases a los niños con problemas (allí descubrí que tenía una rival, la niña a la que él ayudaba, que abría los ojos como yo, a lo Candy-candy cuando él hablaba) para pasar más tiempo cerca de él. Después, bueno al mismo tiempo, empezó la historia de amor con Rosa y el resto ya lo conocéis. Yo, que lo viví en primera persona, al principio muerta de celos, después absolutamente entregada a su lealtad y al cariño que los tres nos teníamos, puedo decir que no he conocido nada igual en mi vida. No he vistonunca más un amor con tanta intensidad, tan profundo, tan fuera de los ejes de espacio- tiempo.
 Esta era la primera razón: cuesta admitir que te gustó en la adolescencia el marido de tu mejor amiga y que ahora también es de tus mejores amigos. Pero fue así y no sucedió nada que tenga que ocultarse. Al contrario, todo fue tan limpio, tan bueno que yo creo que la base de nuestra amistad- la de Rosa, Buby, la mía- está ahí, en cómo vivimos aquel tiempo. Y sí, aunque escribirlo me cuesta, me produce rubor, creo que fue extraordinario. Que todo lo que nos pasó fue muy bueno, un regalo, casi un premio.

2. Las frases.

Buby- lo siento, no me sale hablar de tí como Valentín, me permitirás la licencia- es un tipo que hace grandes frases. Sé lo que he escrito: "hace", no dice. Es que hay algo de fabricación en ello. Buby no se limita a pensar una frase y decirla. Buby las piensa, les da vueltas, las dice y las echa a rodar. Hay muchas que siguen circulando por mi vida. Por ejemplo la que me dijo el sábado por la noche, entre algún gin-tonic, tan casual, tan cariñosa y que en su correo de agradecimiento repitió: "No podemos empatar". ¿Parece sencilla, verdad? Pues de eso nada. Las tres palabras se han llevado más de siete horas durante la última semana y calculo que serán el titular de un capítulo de mi vida durante los próximos años, ahora explico por qué. 
Buby y yo vivimos juntos, pese a los doscientos cincuenta y cuatro kilómetros que separan nuestros lugares de residencia. Para Buby yo soy, además de esa vieja amiga de la universidad con la que has compartido casi todo, una presencia diaria: se despierta y llamo al móvil de su mujer, regresa a casa del hospital y encuentra a Rosa descojonada(o muerta del aburrimiento) al teléfono mientras comenta el facebook conmigo. Se va de viaje y antes de facturar las maletas Rosa le dice que un momento que tiene que llamarme que no sabe qué coño me habrá pasado pero cree q estoy jodida, porque el tipo ese con el que ultimamente se veía...bueno, y Buby baja los párpados, suspira, toma aire, se le inunda el pecho y va subiendo las maletas en la cinta. Buby, conmigo, humilla por goleada al santo Job y todavía, cuando voy mes sí-mes no, a pasar un fin de semana a su casa, me abraza, me cuida si tengo resaca, me mima y seguimos hablando- en el sofá granate de Rosa- de  música o de libros. "No podemos empatar" me dice, me escribe. Y yo sé qué ha descrito en esa frase tan sencilla la fórmula del amor y del respeto que nos une. Buby y yo discutimos siempre, o casi siempre, sobre cualquier cosa: política, el tamaño de los huevos que ponen las gallinas de corral, la inexplicable belleza de Susana Griso o las ventajas que supone entrar en el mundo mac. Discutimos con pasión y vehemencia. Los dos somos teatrales y sinceros. Discutimos y resoplamos hasta aburrir a Rosa. Después nos entra la risa al reconocernos. Sin embargo no competimos. No hemos competido jamás. Por nada, por nadie. Los dos reforzamos la seguridad del otro. Yo nunca me he sentido amenazada por Buby, todo lo contrario, siempre me he sentido protegida, cuidada y muy querida. Espero que a él le haya llegado algo parecido de mí. Hay veces en las que hago cosas de las que no me encuentro muy satisfecha se las cuento a Rosa, que para eso es mi medio hermana, mi otra mitad, y cuando acabo le digo: "díselo a Buby, a ver qué opina" como si le dijera, "consulta con Salomón, que le eche un vistacillo a lo mío, a ver cómo lo ve". Después me quedo más tranquila. Buby es una de las personas que más respeto. Vivimos en un triángulo de afectos a diferentes escalas, pero no hay desequilibrio alguno. Y el tío, es tan cabrón, tan genio, que llega, descubre la ecuación matemática de nuestra forma de vida y me la regala como frase "guay" en mitad de su fiesta. 
Las frases de Buby yo las pongo en el primer cajón de la mesilla. No miento. No me invento una metáfora para que brille este texto, veréis:

 -Una de las primeras me la dijo en Pio XII, un septiembre que Rosa y yo habíamos suspendido y él no sé si venía de visita o por cualquier pijada del cura de teología. Yo no dormía y tenía lo q yo creía q era ansiedad. Me costaba hablar y todo lo veía negro. Cruzamos Pio XII, nuestra avenida, para ir a la cafetería del Blanca de Navarra a coger comida y me dijo: "Mira, en esta vida todo tiene solución menos la muerte. Y tú no te vas a morir, así q para arriba, evita". Me agarré a eso durante...¿diez años? Aún recuerdo su voz cuando me siento floja y me lo repito como un mantra.

 -En la boda de MªJosé nos habíamos fumado un puro juntos. La gente comparte porros, nosotros, aquella noche, nos pasábamos el puro. Eran casi las cuatro y Rosa iba de un lado a otro, con su vestido turquesa, hablando con amigos y familia. José Ramón e Inés bailaban una sevillana- el primero tampoco soltaba el puro, ella no se apeaba de la sonrisa- y nosotros flotábamos. Me pasó la mano por encima del hombro, como si hubiéramos estado de billares y futbolines toda la vida, y me dijo con los ojos semicerrados: "Hemos llegado hasta aquí. ¿Tú sabes lo que eso significa? Seguimos los tres juntos, hemos llegado hasta aquí y lo que nos queda..." Al cabo de unos meses, no demasiados, me llamaron pasada la medianoche- yo aún vivía con mis padres, lo recuerdo porque les desperté con los saltos- y me anunciaron que se casaban. Habíamos llegado hasta allí y seguíamos sumando. Esa ha sido la verdad más duradera que conozco, era un anuncio, un pacto, un compromiso. Si lo hubiera adivinado aquella noche, me hubiera hecho un corte en el dedo para sellar con sangre nuestra amistad. Pero el puro hizo que estuviera lenta. El puro, claro. Nunca me ha sentado bien fumar.

 Por eso digo que Buby es un gran hacedor de frases. Quien no se haya dado cuenta que revise su historia con él. Prestad especial atención a lo que os haya dicho en las situaciones más triviales, de la forma más natural: es ahí donde encontrareis sus mensajes más profundos. Él se esconde tras esa aparente trivialidad y es elegante hasta camuflado. No, con él no se puede competir, es cierto.


3. Las de peso: la admiración, la honestidad y el cuidado.

Cuando le pedí a Rosa que exigiera como impuesto revolucionario prefiesta que los amigos y familia de Buby escribiera algo sobre él, una frase, una anécdota...no podía imaginar que me mandarían lo que me encontré. No podía imaginar tanto. Me pasé toda la semana dándo vueltas a los escritos y moqueando. Había historias divertidas y anécdotas llenas de ternura. Pero había dos palabras que se repetían en casi todo lo que escribían, o que aparecían a través de sinónimos y que eran "honestidad" y "cuidado".
Y que coincidían con lo que yo sentía.
Buby es uno de los amigos, de los dos o tres amigos que se encuentran a lo largo de cuarenta años, que más me ha cuidado. No voy a enumerar las situaciones en las que así lo ha hecho. No caben y me echarían de blogger. En los momentos más duros- los del tuétano, los de verdad- él ha estado junto a mí. Ha cogido un tren y se ha acercado para darme el abrazo más largo del mundo; se ha pasado una noche en vela tranquilizándome cuando se me moría un amigo en Castellón; me ha dado vía libre para mis proyectos y mis sueños; me ha impulsado, leído, escuchado en las circunstancias más críticas cuando solo él y Rosa- y algún trasnochado más- creía en mí. Nunca me ha juzgado. Solo ha estado allí, con su montón de piezas de lego para formar una escalera y escaparnos, o construir un muro que impidiera que el dolor entrara en nuestro castillo o darme las piezas a mí para que yo supiera que era capaz de hacerlo.
Pocas personas tienen ese don. Belén dice que él mismo, su padre, un día le dijo (ella le preguntaba si debía o no apuntarse a gimnasia rítmica, no penséis que Buby se pasa las veinticuatro horas dando sentencias, como si fuera Joda o Confucio): "Belén si tienes un don, debes aprovecharlo". Belen-Shan lo hizo y ahí está, con sus mallicas, dando saltos. Yo sé que Buby ha sido tan generoso con su don que yo me siento acompañada por él siempre. Sé que Buby vendría a rescatarme a Vietnam, sé que convencería a los de la NASA si quisieran devolverme a mi planeta, como hicieron con ET. Lo sé. Sé que si algo me sucede me cogerá la mano. Me quitará los puntos. Me dirá que soy una valiente y que con él al lado no tendré miedo. Me bajará los párpados  y sé que solo escucharé de fondo una canción de los Beatles ("Here comes the sun" o "Octopusse's garden", please).
........
(aquí me he atragantado, bufff,,, dadme un segundo,,, pongo una canción :



He vuelto.
La honestidad.
Yo, que me las doy de leída y tengo cerebro de "Sálvame", siempre le decía a Buby- cuando terminamos la carrera creo que fue la primera vez- que él era el hombre de la frase, ahí va mi cita, de Berthold Brecht:



"Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles."

 Buby es imprescindible. Haciendo el vídeo confirmé mis sospechas: él no ha luchado un año, ni dos, ni siquiera desde que empezó a vivir independiente. Él ha sido honesto toda la vida. Joder, eso es muy difícil. Por eso es imprescindible. Para mí lo es. Antes hablaba de Buby como Salomón y de su influencia sobre mí. No he explicado por qué tiene tanto peso lo que él opina. Buby siempre me ha enseñado- y no de un modo didáctico, sino a través de sus gestos, de sus actos- qué significa la responsabilidad y cómo esta abre la puerta de la libertad. Buby, a ratos tan tímido, es el que me ha enseñado (junto a otros) a desterrar de mi vida la culpa, los prejuicios y los miedos. Hemos hablado alguna vez sobre mis remordimientos y mis complejos (recuerdo una tarde en el sofá de su piso de Pamplona, cuando yo  comenzaba a obsesionarme con el peso y la comida) y siempre los ha sabido poner en su sitio. A menudo no he entendido lo q me decía. En ocasiones me ha parecido estricto, muy severo. Y sin embargo, con el paso del tiempo siempre he vuelto a él,  a lo que él me ha mostrado q funciona y que en apariencia es tan fácil, vivir con libertad y ser feliz, como consecuencia.

Comprenderéis  por qué yo no podía escribir sobre Buby. No en la fiesta, no en su día. Había tanto de mí en lo que iba a contar que hubiera sido de mal gusto. Lo del sábado no podía ser, en ningún caso, una sesión de psicoanálisis. Ni un ejercicio de barroquismo emocional, ni un exceso de intimidad a la italiana.
No me lo hubiera perdonado.
Yo quería ser invisible el sábado y casi lo conseguí
de no ser
por...
por el proyecto.

Volvamos a la ducha.
A estas horas, hace una semana, Antonio y yo, persianas subidas, ordenadores en mano, tomábamos una decisión drástica, un camino sin retorno. Con el cansancio y los nervios debí toquetear demasiado el windows movie maker la noche anterior. El hecho fue que al incorporar los textos, mi Vaio dijo no. Cuando mi Vaio dice no, es no y además es insobornable. El proyecto petó. Las expectativas de Rosa saltaron por los aires. Las prometidas lágrimas de Ana- la madre de nuestro amigo homenajeado- se desvanecieron. Nuestro regalo se esfumó.
Antonio y yo nos miramos desesperados (él tiene los ojos color lago, así que yo me tranquilicé un poco al verle ahí) y decidimos rehacerlo todo. Empezar de cero, contrarreloj y a pelo, sin posibilidad de error. 
Durante siete horas nos chutamos media pizza congelada, un tazón de puré, seis canciones de los Beatles, una cerveza, cinco llamadas de teléfono, cuatrocientas sesenta y cinco fotografías, diez modelos de transiciones, un pen drive y una cocacola zero para conseguir llevar a la fiesta algo decente, un  pequeño vídeo que, de algún modo, sirviera para consolar a los que habían confiado en nosotros. 
Y que le gustara a Buby, claro.
A las cinco y treinta y dos cerrábamos el proyecto.
A las seis nos subíamos en el coche.
A las ocho y doce nos perdíamos por la avenida Niza.
A las ocho y cuarenta entregábamos a Inés- the dealer- el material.
A las nueve y diez llegábamos a Torre Mauro.
A los seis conocidos que besamos les contagiamos nuestras prisas.
A las nueve y veintitres entró Buby en la fiesta.
A las nueve y veintisiete vió el photocall.
A las nueve y veintinueve seguía sin entender nada.
A las nueve y treinta aparecía la cita de Hawking en la pantalla

"Uno no puede discutir con un teorema matemático"

A las nueve y treinta y dos, tras una carrera a la barra principal- un "paraaaa, rebobinaaaaaaaaa"- volvía a aparecer.
A las nueve y cuarenta aparecía su rostro en la pantalla, con la frase de "The fool on the hill" que habíamos elegido.
Entonces pensé aquello de que, a los cuarenta uno tiene la cara que se merece y que la de buby, mi amigo, era fantástica.
Alguien dijo: "por favor, necesito una puta ginebra"
Y creo que fue la cita perfecta para poner fin a esa comunión de emociones y sentimientos.
Por eso ahora os dejo. Aún tengo que asimilar muchas de las cosas que he vivido desde entonces. Mi misión ha fracasado, pero hemos sido extraordinariamente felices sin necesidad de sorteos de navidad.
Vivimos prósperos de premios.
 Y mi bloom, ahora sí,  se me está enfriando.