
Ya os conté en cierta ocasión que un día, paseando por el downtown cairota, me paré frente a un inmueble antiguo con la extraña sensación de estar ante el edificio Yacoubian.
Cuando llegué a casa y miré la dirección que uno de los protagonistas menciona en la novela, comprobé que me había equivocado sólo por un número. Me quedé maravillada por semejante coincidencia y porque mis pasos, se pararan en aquella calle y no en otra de las miles que trazan una ciudad de más de veinte millones de habitantes.
Pues bien, parece ser que esta casualidad no iba a ser la única y el caprichoso azar dispuso que mi camino se cruzara de nuevo con esta fantástica historia.
Así que el otro día, después de aquella divertida reunión con mariachis y tequila, me volví a encontrar de manera inesperada, mientras sorteaba el tráfico de la ciudad cruzando callejuelas menos transitadas, con otro edificio cuyo cartel de neón me hizo pegar un brinco.
Lo vi de refilón. El cartel estaba encendido y colgaba revirado de la fachada. Me pareció leer su nombre, Asswany, dentista. Me quedé boquiabierta, estaba segura de que era la consulta del autor del "Edificio Yacoubian", que además de escritor es médico.
En cuanto tuve oportunidad volví a pasar por allí. El libro me pareció tan interesante que estuve valorando la posibilidad de dejar sacarme una o varias muelas y aprovechar el momento para hablar con él, aunque fuera entre babas y alcoholes, pero qué queréis que os diga, la idea no me sedujo lo suficiente y preferí quedarme con su literatura. Vida y azares.



