El hombre, curioso espécimen, experimenta un abanico de fobias tan amplio como sus propios miedos y singularidadesPara empezar, podríamos nombrar a aquellos que no soportan a los que son diferentes y viven diferente, a los menos agraciados, a los gordos, flacos, altos o bajos, a los de otro color, incluido el blanco; también tenemos a los que tienen miedo de los vecinos o de los "desconocidos", de los que hablan otra lengua, de las demás religiones o los que temen el avance de la ciencia. Como veis, se podría hacer una lista interminable y si nos preguntáramos a nosotros mismos, qué opinamos al respecto, no saldríamos bien parados.
Aunque el panorama no parezca muy alentador, creo que no es justo generalizar, como si la humanidad al completo se hubiera puesto de acuerdo -harto improbable- y compartiera al unísono ciertas posiciones paranoicas.
No hay cosa que más rechazo me produzca que las etiquetas. De ahí, que se me pongan los pelos de punta cada vez que oigo a algún periodista utilizar irresponsablemente el término "islamofobia" y atribuir a la sociedad occidental tan deplorable atributo, como si por obra y gracia de nuestro Señor, todos estuviéramos revestidos de un odio acérrimo e irracional hacia esta religión y además nos empeñáramos en hacerla desaparecer.
De la misma manera, me horrorizan las publicaciones y emisiones de ciertos canales de televisión, que se empeñan en mostrar imágenes manipuladas de la realidad que se vive en los países de credo musulmán y sacan siempre a colación el odio entre religiones, el barbarismo y el retroceso en el que viven todos los musulmanes del mundo, como si las características de algunos fueran aplicables a la totalidad de la humanidad. Sencilla operación para fomentar el odio a través de la mentira y la manipulación.
Y aunque ni unos ni otros seamos tan "malos" como nos pintan, si es cierto que tenemos nuestras dificultades para convivir en paz. Unas veces falla el anfitrión, otras el invitado y en el peor de los casos, los dos y nos sentimos avasallados o perseguidos dependiendo de nuestra posición.
Si a veces nos resulta difícil acoger al vecino, al que vive y piensa como nosotros, qué ocurre cuando el invitado llega de una cultura diametralmente opuesta a la nuestra? ¿cómo reaccionamos, le toleramos?, ¿cómo conservamos nuestra libertad sin suprimir la del otro?.
Al hilo de esta reflexión, os incluyo un artículo de Nicole Muchnik en EL PAÍS
"El burka llega a nuestras puertas"
