viernes, noviembre 02, 2012

Puzzle

 

Si he de contar cosa alguna sobre mí, es que soy una persona de gustos bastante simples; me gusta el café sin azúcar, mi cuarto con la televisión apagada, mi jardín muy bien regado y el tiempo en línea recta sin escalas. Por esto me parece pertinente contarles sobre este día cualquiera en el que me desperté un martes 5 de octubre con toda la disposición de seguir con mi rutina ya establecida con los años. Pero como con todo suceso, los días están sujetos a arbitrariedades intrínsecas a la materia misma que conforma el universo. Verán: sospecho yo que por el mismo hecho de ser lunes y que es justamente el día que le sigue al tan glorioso domingo, que el día nefasto mencionado con anterioridad es la victima perfecta de las barbaridades que aquí se han insinuado.

Así la vida: me encontraba en mi sala sirviéndome el café cuando de pronto abrí el periódico y me di cuenta que no era martes. Y no es que tenga un especial aprecio por los martes, días en los que invariablemente tengo que sacar la basura, no. El problema es que abrí el periódico y para mi sorpresa el tiempo había sufrido una descompostura: el día seguía siendo el lunes -apócrifo, cabe destacar- pero los acontecimientos del domingo habían transcurrido de diferente manera. Entonces aquí hay de dos: O el tiempo se ha puesto en huelga y alguien distraído ha tomado su lugar para desatar un caos de proporciones anti rutinarias, o al susodicho amo cronológico le ha parecido que el lunes 4 de octubre (1) ha sido tan poca cosa que ha tenido que reescribirse. Sea cual sea el caso, los adeptos a la mortalidad y al adecuado uso del espacio-tiempo debimos de habernos sorprendido al enterarnos de que el Real Madrid no ganó el domingo su último partido, sino que lo perdió, que barbaridad.

De pronto me encontraba tomando mi café cuando empecé a hojear todo el diario solo para confirmar mis sospechas, este lunes 4 de octubre (2) realmente se había desentendido del mundo. Casi a la hora de salida de mi trabajo todo mundo hablaba sobre un choque a las afueras del museo de antropología (accidente también apócrifo) y cuando quise comentarles sobre el magnífico gol de Cristiano Ronaldo al minuto 94, nadie en la oficina sabía de qué estaba hablando. –No, no. El Madrid ha perdido 0 a 1 – Ni hablar.

Me pasé el resto de la tarde evitando una confrontación con este espurio lunes 4 de octubre (2). Ya por la noche me fui a mi cama con la tradicional cena-informativa, pero con una duda aún más grande: ¿al despertar será que existirá una compensación y caeré en un miércoles 6 de octubre, sin tener idea alguna del martes?, ¿o por fin tendré mi martes 5 de octubre? Obviamente para este entonces sabía que el lunes 4 de octubre (1) ya no me sería devuelto ni de broma.

Es curioso cómo funciona el mundo porque puedo jurar que uno no siempre obtiene la recompensa que quiere. Yo suelo despertarme, desayunar, tomar mi café mientras leo el periódico para después irme al trabajo. Por las tardes como, asisto a mi jardín mientras escucho a Alejandro Sanz y me cercioro de que todo se encuentre debidamente en su lugar. Más adentrada la tarde suelo leer un poco y revisar pendientes del trabajo para después cenar mientras miro el noticiero y luego dormirme. Dicho esto, espero que después de todas estas cosas, suceda lo mismo con el transcurso natural del calendario, pero mi vida no ha tenido el efecto deseado.

Después de intentar escapar de este lunes tautológico, me desperté un lunes 4 de octubre (3). Después, arreglaba mi jardín y lunes 4 de octubre (4). Escuchaba a Sanz, lunes 4 de octubre (5). Cenaba viendo el noticiero en mi día favorito, el lunes 4 de octubre (n). Ahí estaba yo, fiel a mis costumbres, siendo acechado por el fantasma del lunes 4 de octubre (1), clavándome su mirada por las noches. Seguí el curso de los lunes como si la semana pasara naturalmente, y ya hasta se me había olvidado cuanto tiempo ha pasado, pero hay algo que sigue alimentando a ese fantasma: muy en el fondo me parece que toda la oficina conoce el gol de Cristiano Ronaldo y los demás sucesos que han muerto las noches de los lunes. He intentado por varios medios de hacerlos confesar o dejarlos en una situación en la que resulten expuestos, pero solo hay indicios pequeños que he tenido que ir armando como un rompecabezas. Ayer alguien mencionó algo sobre una lata de atún descompuesta, siendo que hace dos lunes hubo una gran escasez de atún en un mercado en Guadalajara. Antier, tracé las pistas que me llevaban a un parque donde una señora vende kebabs después que un colega comentó ese día sobre un futuro viaje a Turquía (que estoy seguro que no sucederá) y para mi sorpresa, al llegar a casa encontré un partido en la televisión: Turquía vs Alemania.

Por estos días en los que ya no sé dónde estoy, me pregunto si me la pasaré todos los días el resto de mi vida sacando la basura y comiendo pollo, a veces pienso en los martes y lo delicioso que sería poder comer cerdo de nuevo, los miércoles y la visita de la abuela o la noche sabatina de armar rompecabezas. Veo en todos lados a la gente que me rodea, ajenos al nuevo ritual que ha caído sobre nosotros y parece que han sido sometidos al arbitrio de crono.

Días después, y llámenlo sincronicidad jungiana si quieren, desperté en un lunes 4 de octubre (n) que tenía un clima muy parecido al de un jueves que pasé en una cabaña en Alemania y por fin después de mucho tiempo todo quedó muy claro en mi cabeza: acto seguido, pongo alguna canción al azar en mi computadora y aparece el concierto para violín de Schumman, mientras camino lento, tomo el periódico sin leerlo y lo quemo sobre la mesa mientras me preparo un omelette lleno de tocino.

lunes, junio 04, 2012

Y pensar que lo único que necesitaba era no reconocerme frente al espejo

miércoles, febrero 15, 2012

Sobre el pan

Teoría de la transmigración de la barra de pan Gerardo-Murphy1
por Christian Gerardo


Tengo que notar primeramente, que la presente teoría ha sido ya expuesta ante la comunidad científica de mi barrio, se está leyendo y comentando con sus debidas caguamas, la tencha dice que la terminara cuando se le quite el sarpullido y el wiwis dice que ya le entendió. Como dato intrascendental, pero no por eso menos importante, hay que aclarar de donde fue que se originó tal teoría.

 Llámese un día cualquiera en el que estaba en mi cocina con la intensión de hacerme un sandwich de huevo, y por arte del destino llegue a la siguiente conclusión:

 "De seguro voy a abrir la alacena y no va a haber pan, las leyes de Murphy rigen mi vida. Seguramente ahora que escribo esto, la barra se está disolviendo y se materializará en algún otro momento en que no necesite el pan."

 Así que, de ahí podemos inferir que si el sujeto en cuestión se ve en la pronta e imperiosa necesidad de ingerir una rebanada de pan blanco, se verá limitado por el accionar de la ley de Murphy que ronda en todas las alacenas del mundo. Esta barra, que se encuentra en estado de reposo, sufrirá una súbita des materialización que la llevara por un agujero de gusano a otro punto en el tiempo en el que el sujeto en cuestión no necesite de tal barra de pan. Con esto se cumplirá la fase de Murphy que complementa a esta teoría.

Si no ocurriese esto, se abriría una especie de vortex que chuparía todo lo que hay en este universo, lo que nos llevaría a dos escenarios: el vortex reacomodaría toda la materia en un universo paralelo donde la barra de pan sí desaparece como es debido para luego no ser necesitada, o, simplemente resultaría en el nacimiento de un nuevo universo complementario donde el donde el binomio el sujetillo/barra de pan se desconocen mutuamente.

Esta teoría será llamada: Teoría de la transmigración de la barra de pan Gerardo-Murphy.


Anexos:
Platica sobre particularidades de la teoría

La teoría ha entrado en una acalorada discusión, como sigue:

Víctor Miguel - Pero qué ocurre cuando la necesidad se transmigra en una metempsicosis natural conocida en la jerga sociológica como «antojo accionado por vista», que despierta única y exclusivamente cuando el sujeto mira la barra de pan y, en consecuencia, la necesita. ¿Qué pasa entonces?

Christian Gerardo: tú lo dijiste, esta metempsicosis hace que el alma del pan transmigre hacia digamos, otro objeto, por ejemplo una dona. Entonces, si intentas ingerir el pan, ya no sería pan sustancialmente. Si no que algún otro objeto transmigraría hacia la barra, y te podrías estar comiendo, digamos, una mierda en forma de pan.

Víctor Miguel - Pero entonces, ¿es tu teoría una apología de la herética consubstanciación luterana? Digo, no es como que me conflictúe… a mí, en específico…

Christian Gerardo: Mi teoría es laica, y en forma de dodecaedro metafórico. Pero, retomando la idea de la apología, es un mero paralelismo no deseado.




1.Este texto forma parte de la compilación "Comunario"