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Els Enfonsats i els Salvats, de Primo Levi

(I Sommersi e i Salvati)
Eds. 62, col. El Balancí
Barcelona, 2000 [1986]

Este Los Hundidos y los Salvados, tercer volumen de la llamada "Trilogía de Auschwitz" (Si Esto Es un Hombre y La Tregua son los dos primeros) se centra en diversas cuestiones de la vida en los campos de exterminio y la cuestión del Holocausto y su narratividad en el mundo moderno. Puede ser ilustrativo ver los capítulos en los que está dividido: "El Recuerdo de la Ofensa", "La Zona Gris" (sobre aquellos colaboradores necesarios de los guardianes, los propios prisioneros que auxiliaron a los exterminadores y el personal civil de los campos e industrias que empleaban mano de obra esclava), "La Vergüenza" (la de ser prisionero, la impuesta por el sistema de exterminio, la de ser superviviente, la del justo ante la culpa ajena), "Comunicarse" (la pérdida del lenguaje impuesta por la necesidad de sobrevivir, la incomprensión en un campo multilingüístico, el lenguaje de los campos), "Violencia Inútil", "El Intelectual en Auschwitz", "Estereotipos" ("¿Por qué no huyeron?"; "¿Por qué no se rebelaron?"; "¿Por qué no huyeron 'antes'?"), y "Cartas de Alemanes", un capítulo desolador en el que Levi se interroga de si sirve de algo prestar testimonio y, sobre todo, a quién llega ese testimonio.
Este libro, lamento decirlo, es muy pesimista. Mi lamento no es por este hecho sino por un dato posterior: al año de su publicación, Primo Levi se suicidó. A diferencia de Si Esto Es un Hombre, donde el tono era trágico y terrible (por los hechos, insisto: la obra de Primo Levi no es un llanto, sino una exposición) y el de La Tregua, testimonial dentro de una teórica liberación, este Los Hundidos y los Salvados es fríamente analítico, y el análisis, por temática e historia, no puede ser sino terrible. Pero sigue siendo nuestra historia, en mayor o menor medida, y eso quiere decir que sigue siendo necesario leerlo.
En la época, hubo gente que apartó la vista o se cubrió los ojos (o los cubrió a los que tenían a su alrededor). Ya tuvimos bastante de eso como para persistir en esa actitud. Es lo mínimo que le debemos a Primo Levi y a los que, salvados o hundidos, se hallaron en su misma situación.

Otros testimonios sobre los campos de concentración nazis en La Escritura o la Vida, de Jorge Semprún

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La Treva, de Primo Levi

(La Tregua)
Eds. 62, col. El Balancí
Barcelona, 1997 [1958]

La Tregua, segundo volumen de lo que se ha venido a denominar "Trilogía de Auschwitz" (el primero, Si Esto Es un Hombre; y el tercero Los Hundidos y los Salvados) ocupa, dentro de esta historia del horror del Holocausto, el relato de los sucedido desde la liberación del campo de exterminio de Auschwitz (o, para ser precisos, desde el abandono precipitado de los guardias SS del campo ante el avance de las tropas rusas) hasta la definitiva repatriación de los supervivientes a sus hogares, un hecho que se prolongó sus buenos diez meses, un tiempo incomprensible y de una duración que se puede definir como casi intolerable. Una especie de cautiverio adicional si no fuera por el hecho de que había desaparecido la finalidad última de los campos, como era el exterminio de sus internos.
En Si Esto Es un Hombre, Primo Levi nos sumía en la desolación del horror absoluto. En La Tregua, lo que permea en el lector es un sentimiento de alivio. Es lógico, puesto que, frente a la desesperanza, los ya exprisioneros se enfrentaban y vivían la libertad.
Pero no la liberación. Pese a ese sentimiento de renacer, el peso de lo vivido seguía acompañando a los supervivientes. Interiormente, muchos seguían siendo prisioneros, y lo serían el resto de sus vidas.
Este es un libro extraño, lleno de contradicciones, las mismas que acompañaron a los liberados más las del mundo que los contemplaba, que tampoco podía comprenderlos, ni su situación actual ni aquellas circunstancias por las que habían pasado. El mundo (es algo común en los relatos de los supervivientes de los campos) no sabía muy bien qué hacer con ellos. Eso creó situaciones intolerables. Internamiento en nuevos campos (de refugiados, los llamaríamos hoy; pero, ¿refugiados de qué?). Cierto, sin la amenaza que planeó siempre en los de exterminio, pero campos al fin y al cabo. No hubo, más que al final, y de forma muy somera, una devolución de la dignidad perdida. O un simulacro de devolución, tan siquiera.
Todo esto no está en el relato de Levi. Éste se limita a narrar hechos. Pero el lector queda con esa impresión de que algo se tenía que haber hecho y no se hizo, o no lo bastante. Levi no llora. Pero lo que trasciende es que los vencedores tampoco cumplieron. Los supervivientes les eran incómodos. Incluso, a veces, da la impresión de que los consideraban superfluos. De muertos en vida a supernumerarios de la vida. Puede argüírse que es un paso significativo. No lo creo así.
Y, por tanto, el tono puede ser de alivio. Pero no deja de ser una historia trágica, más incómoda de lo que parece, más vergonzosa para nosotros de lo que debiera.

Portada
Otros testimonios sobre los campos nazis: Si Esto Es un Hombre, de Primo Levi, La Escritura o la Vida, de Jorge Semprún y El Largo Viaje, de Jorge Semprún

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El Sistema Periódico, de Primo Levi

(El Sistema Periòdico)
Eds. 62/El Aleph Editores, col. Modernos y Clásicos de El Aleph
Barcelona, 20042 [1975]
Trad. de Carmen Martín Gaite

Si uno lo piensa bien, los elementos constitutivos de la materia deben relacionarse por fuerza con el ser humano. Otra cosa es encontrar esta relación y ponerla en evidencia por escrito y de forma literaria. Si Primo Levi pudo encontrar poesía en una experiencia tan terrible como su estancia en Auschwitz (relatada en Si Esto Es un Hombre, La Tregua y Los Hundidos y los Salvados) sin renunciar ni a un ápice de la vivencia, de la tragedia y del horror, es que puede hacerlo todo en literatura. De ello es testimonio este El Sistema Periódico.
Desde la historia de un átomo de carbono que se convierte en protagonista de la creación literaria hasta el Argón, un gas inerte que se hace metáfora de los mismo antepasados de Levi, las historias de este libro encuentran hombres con características físico-químicas y elementos químicos casi humanos, a gente que por circunstancias vitales se ha relacionado con la química y cuyos fragmentos vitales quedan así ineludiblemente unidos a unos átomos fríos y alejados sólo en apariencia.
¿Metáfora? ¿Alegoría? A veces, pero no sólo eso. Hay un par de historias de ficción, una mayoría de autobiográficas, que trascienden la mera anécdota o el propósito inicial para explicarnos algo del ser humano, de la historia del mundo, de los sentimientos o del absurdo vital.
Cuando uno se sumerje en su lectura, la sorpresa y el interés superan al mismo elemento químico de origen y nos llevan a una singularidad no forzada, a unas historias poéticas a veces, llenas de humor otras, introspectivas, agudas y maravillosas siempre.
El hecho de que fuera químico llevó a Levi a escribir estas historias. El hecho de que fuera un escritor genial hizo de esta circunstancia vital arte que podía ser contado, que podía transmutarse, como si fuera alquimia, de su Mercurio, Cromo, Cerio, Níquel... de origen en un oro literario imprescindible e inolvidable.

Portada y sinopsis

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Si Esto Es un Hombre, de Primo Levi

(Se Questo È un Uomo)
Muchnik Eds., col. Personalia
Barcelona, 1995 [1958, 1976]

A principios de 1944, y con la connivencia del régimen mussoliniano de la república de Salò, los alemanes deportaron a los judíos italianos bajo su control a los campos de exterminio nazis situados en el este de Europa. Entre los deportados estaba Primo Levi, y esta es su historia de cómo llegó a Monowitz, una de las "delegaciones" de Auschwitz; de su estancia allí; y de cómo, gracias a una concatenación de circunstancias, pudo sobrevivir.
La concatenación de circunstancias no es baladí, ni una serie de elecciones, de acciones, sino de casualidades. Una especie de macabra lotería que marcó la diferencia entre vivir y morir. Porque el destino último de los depotados era morir. El cómo era accesorio. Quien entraba en el Lager sólo podía salir de él de una manera, si quieren representada por la terrible frase de los propios prisioneros: "por la chimenea". Por su propio pie, jamás. Sólo una serie de improbabilidades y opciones casuales permitió la supervivencia. Lo normal, la norma, el destino, la certeza estadística era la muerte.
Pero esto, presente como está (y no puede ser de otra manera), no es el cuerpo principal del relato de Levi. Tampoco es una historia de los campos de exterminio, ni un ensayo sobre el holocausto. Primo Levi testimonia sólo (y no es poco) las cosas que sufrió y vio, los hechos de los que tuvo experiencia directa.
La vida (más bien la muerte en vida) en el Lager. El día a día, su organización, su estructura, sus jerarquías, sus trampas diabólicas en lo que conformaba una macabra ecuación: la suma de factores, el trabajo extenuante, la mala alimentación, el maltrato, el fomento de la competencia entre los presos, las enfermedades, las normas absurdas pero milimétricamente trazadas, dan como resultado que, si puedes evitar esas trampas, sobrevives un día más. Hasta que, por reiteración, una de esas variables, alcanzará a su tiempo un valor insoportable, y ya no habrá mañana.
Este es un texto bello. ¿Bello? ¿Cómo puede ser bella una descripción de lo más terrible que ha ideado la humanidad, el exterminio sistematizado? Sencillamente porque la palabra tiene que analizar el hecho, pero al convertirse en el escalpelo que disecciona la realidad del Lager, no puede sustraer de este despiece la propia voluntad, la mente y pensamiento del sufriente. No puede alcanzarse sino con metáforas, imágenes, sentimientos. Metáforas terribles.
El relato de alguien ajeno hubiera podido ser más global. Más historicista. Más completo. Pero la enumeración del involucrado no puede sino evocar los pequeños milagros de la supervivencia ante el propio destino marcado. De la lucha por el minuto, la hora, el día. No puede, si el sentimiento es vívido, sino poseer una belleza sobrecogedora, opresiva.
Tras la lectura, no podemos sino pensar que todos fuimos en parte exterminados en Auschwitz, y que todos fuimos en parte exterminadores. Que asesinamos a Dios en Auschwitz. Que, más aún, aniquilamos nuestra propia humanidad en Auschwitz. Que el ser humano, más que en el Jardín del Edén, protagonizó la Caída en un campo de exterminio. Escribe el propio Primo Levi:

Si esto es un hombre

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

Otros testimonios sobre los campos nazis: La Escritura o la Vida, de Jorge Semprún y El Largo Viaje, de Jorge Semprún.