♪ Listening: Sakamoto Maaya - I.D
☺ Mood: weak headache
♣ Day phrase: el mundo de las formas.
Ya casi va un año de estar sin educación académica formal.
No sé muy bien que he aprendido y qué he olvidado. Quizás más adelante pueda sacar las cuentas, o al menos una lista de pequeños detalles sin forma.
He ganado conocidos, y me he distanciado de otros; los amigos y afectos importantes siguen más o menos igual, ya que
la distancia es como el viento: apaga los fuegos pequeños y fortalece los grandes. Pero ahora que tengo oportunidad de salir de la burbuja de mi barrio acomodado lo que he notado en mí misma es algo extraño...
Primero se debaten en mí dos instintos: uno de quietud y bienestar. Lo que pasa es que, cuando veo a las personas pienso que las quiero a todas, que quiero ayudarlas a todas (y quizás salvarlas) entonces al observar al señor que ayuda a la señora a subir el coche en la escalera del metro, o a un niño que ríe en su mundo propio, e incluso a veces a las monjas con expresión de calma o a algún sacerdote joven, sonrió sin pensar mucho en qué puedan creer de mí los que estén a mi alrededor. Se podría decir que amo a esta multitud de entes que llamamos: "humanidad" y soy feliz de verla interactuar demostrando que aún son
humanos. Pero es obvio que esos momentos de bondad son los menos, la gente por lo general se empuja, burla e insulta al menor roce y camina sin ver lo que pasa al lado.
¿Y qué sucede conmigo entonces? me doy cuenta que las armas o escudos que tenía eran ilusiones, que soy una más, y que no hay esperanza, lucha o grito que cambie lo que ocurre en lo que alcanzo a ver del mundo. Y si no me equivoco con esta línea de pensamiento descubrí que mi último alivio es que pronto ocurra un algo vaticinado y poco doloroso apocalipsis. Porque la revolución que a veces diseño mentalmente no ocurrirá.
Y así
veo los extremos, lo "bueno y malo", la calle ruidosa no es más que un lienzo en movimiento de un pintor con humor negro. Pero hay algo que no es ni lo uno ni lo otro (blanco ni negro). Llámenme frívola, vacía o inconsecuente. Pero las veces que olvido este continuo antagonismo ocurre cuando veo algo lindo. Así de simple: si veo a una niña de proporciones agradables y labios de forma peculiar olvido todas las voladas existenciales que puedan estar invadiéndome.
Mis padres odian el tema y tiendo a evitarlo -aunque no parezca- pero en el presente "discurso" encuentro justo mencionarlo. Este anhelo de contemplar lo "bonito" se vuelve aún más intenso si detecto que la chica o chico -o bien un adulto-
juega en el equipo arcoirirs por así decirlo. Quiero a toda costa grabar en mi pupila el contraste entre el rojo de sus labios y la piel que sin estar empolvada se ve casi perfecta. ¿Un chico con peinado minucioso y
fashion y polera rosada un tanto ajustada? adorable!¿una chica de pelo corto, bototos sin lustrar y una espalda delgada? Aún más adorable!
Trato de evitar mi fisgoneo desvergonzado pero el deseo -a veces- es más fuerte que el de sólo ver, quisiera tener las fuerzas para por lo menos preguntarle su nombre y verle sonreír, especialmente con las pequeñas
lelas. Sin embargo trato de no engañarme, es muy poco probable que alguna vez me atreva tan sólo a sonreirle por más de dos segundos a alguno de mis objetos de curiosidad tan evidente, y es menos probable aún que alguna vez consiga un amigo de esta manera. Especialmente si consideramos que de los pocos amigos que tengo siempre se me han acercado, no recuerdo alguna vez que yo haya sido la primera en acercarme.
¿Y qué hacer con esta gente "iluminada"? no lo confundan con una luz celestial y/o cálida, es más bien el tipo de luz persistente de los focos de las cocinas, la que los insectos rodean hasta incinerarse. Y así mismo mis ojos persisten en guiarme a estados de expectación dolorosa. Y creo que si supiera sacar fotografías decentes, tomaría un par diario para aliviar esta necesidad visual. Aunque quizás sea más bien una necesidad "humanitaria" de deseo de acercarme a otras personas.
Soy tan feliz de escuchar a Juan que se enamoró de Pablo y de ver que María le regala flores a Francisca. Tanto por el lado de recibir relatos humanos de amor y también por el deseo de compartir con las personas "iluminadas".
¿Qué tan malo será? es cierto que harto este año me ha faltado de los discursos de mis profes acerca historia, ética, antropología y literatura, y quizás necesito una gama más grande de amigos. Pero creo que ese deseo de contemplar a los demás "iluminados" y al mismo tiempo que me vean cómo una de ellos no puede estar tan bien. Aunque por suerte no son sólo gays, sofistas y traves los que me llaman. También -en referencia al Demian de Hesse- quiero interactuar con los
marcados, aunque sería infinitamente más fácil si tuvieran la marca en la frente cómo ocurre en el libro.
Lo que hago para calmarme a veces es pensar que tras el umbral de la vida universitaria, me esperan cientos de mentes
marcadas y gente arcoiris con los cuales conversar, reír y meditar.