Creo que ya olvidÃĐ cÃģmo se sienten sus abrazos. Recuerdo cada una de las veces en que nos reencontrÃĄbamos, allÃ, en medio de la noche, cuando sÃģlo bastaba vernos para unirnos de inmediato con nuestros besos, enredando nuestros brazos, tan apretados que hasta hoy parecen doler.
Me gustarÃa volver a sentirlo asà y no volver a olvidarlo, pero no como estas veces en que parece perseguirlo el tiempo y sin sentimiento, me gustarÃa sentir su pecho contra el mÃo, como cuando fuimos infinitos, no sÃģlo para apresurados hacer eso que tan bien ÃĐl sabe hacer.
Todo porque olvidÃĐ sus abrazos y cÃģmo se sentÃa su corazÃģn frente al mÃo. OlvidÃĐ como sincronizÃĄbamos nuestra respiraciÃģn y cÃģmo nos mirÃĄbamos, en cuarentaycinco, olvidÃĐ que podÃamos alcanzar el palpitar del otro y que juntos podÃamos seguir el compÃĄs de nuestros cuerpos una y otra vez, sin separarnos, en un aletargado abrazo que luego nos hacÃa dormir.
Creo que olvidÃĐ sus abrazos y tantas cosas mÃĄs. Me olvidÃĐ de las olas, de la lluvia, del viento y tambiÃĐn de mÃ. OlvidÃĐ salir de casa y olvidÃĐ cÃģmo abrir mis puertas. Pero mÃĄs lastima que olvidÃĐ sus abrazos, y los he buscado entre mis diarios acumulados, en mis rincones y entre mis fantasmas, los he buscado en mi silencio y en el bullicio que no se detiene, mientras yo me mantengo en pausa, bajo el mismo cielo que nos vio abrazarnos cuando tenÃamos que despedirnos, y no me puedo dormir si no los encuentro, porque hoy no merezco ya nada de ÃĐl, y me siento perdida, perdida sin sus brazos rodeando mi melancolÃa, mis tristezas y este manojo de recuerdos que voy escondiendo aquÃ.