
Quando foi aqui publicada a primeira parte dos artigos sobre a tentativa de recuperação de Alconchel, prontamente o estimado amigo e investigador Juan Antonio Caro del Corral salientou a provável confusão feita pelo memorialista Mateus Rodrigues ao relatar o evento. De facto, apesar de ser muito provável que Mateus Rodrigues tenha juntado apontamentos sobre acontecimentos que testemunhou ou lhe contaram enquanto serviu na cavalaria do exército do Alentejo, o seu Memorial foi redigido já depois de ter deixado o serviço, apresentando lacunas e confusões (em meses e, por vezes, anos) aqui e ali. No que a este caso diz respeito, vou respigar o que foi escrito em comentários ao primeiro dos dois artigos (em Abril de 2024), trazendo-os para aqui e dando forma a este artigo.
Começo por apresentar o que Juan Antonio Caro del Corral apresentou no primeiro comentário:
Los relatos sobre acontecimientos de guerra del soldado Mateo Ruíz siempre son fuente de noticias de especial interés, porque se trata de las declaraciones de un testigo coetáneo, e incluso protagonista, de los hechos narrados. Desde esa visión personalísima nos aporta datos y curiosidades que normalmente son obviados en las cartas y documentos oficiales, más preocupados en describir de forma genérica el acontecimiento, sin entrar en pormenores.
Sin embargo, a pesar de esa viveza y detalle del relato, hay que tener en cuenta que Mateo redacta sus Memorias militares bastante tiempo después de que hubieran sucedido, cuando gozaba del descanso y licencia tras sus muchos años de servicio. Es por ese motivo que los recuerdos le juegan a veces malas pasadas. En su afán por dar a conocer todas sus aventuras, mezcla unos sucesos con otros, sin guardar orden cronológico. Nos los va contando a medida que le fluyen a la memoria, posiblemente porque ese post-recuerdo da prioridad a aquellos acontecimientos que, en su opinión, fueron más importantes, bien porque se significaron en relación al desarrollo general del conflicto, bien porque a Mateo le causaron una impresión mayor que otros de menor repercusión mediática.
Por otro lado, en ocasiones los relatos de Mateo no son recuerdos de sus vivencias personales, sino que se deben a lo que escucho decir y contar a otros militares; historias que, por el motivo que fuera, se hacían populares alcanzando enorme eco propagandístico. Por lo tanto cabe suponer que están sujetas a errores y añadidos, que se iban incorporando poco a poco, a medida que el relato ganaba fama y que con todo ello se pretendía dar ejemplo y motivación para el resto de tropa. En cierto modo era un ardid de los altos mandos para crear una atmósfera favorable a los intereses de Portugal y aglutinar el favor de toda la sociedad.
De lo anterior se entiende que Mateo confunda fechas, datando sucesos en épocas distintas a las que realmente sucedieron; aunque no sólo equivoca cronología, pues en su revoltijo de noticias también yerra al situar a ciertos personajes en sitios y momentos dónde, según la documentación de archivo que hemos tenido la oportunidad de consultar, no estuvieron.
Pues bien, el caso del intento para entregar el castillo y plaza de Alconchel al ejército castellano, gracias a la delación de un supuesto traidor, es uno de los ejemplos de confusión en los que el bueno de Mateo solía recaer de cuando en cuando.
Según nos indica, el suceso aconteció durante el verano de 1653. Primer error: en realidad, y siguiendo nuestra hipótesis, debemos situarlo varios años atrás, concretamente en 1647.
En aquella época gobernaba las armas castellanas el marqués de Molinghen, quién, como era habitual, disponía de toda una red de espías que le suministraban noticias sobre el estado y movimientos de las tropas lusitanas. Uno de los informantes era Manuel de Acuña, capitán de infantería que tenía a su cargo el gobierno de la guarnición estante en el castillo de Alconchel, plaza ganada por Portugal desde la campaña del año 1643. Segundo error de Mateo, quien nos sitúa a Manuel con la misma categoría militar, pero sirviendo en Elvas, añadiendo que la relación de este oficial con el presidió alconchelero se reducía a <<.. ele capitão viveu em o castelo de Alconchel alguns dois ou três anos…>>, es decir, que omite a Manuel como gobernador, situándolo simplemente como un soldado más de su guarnición. Tercera equivocación.
Continua manteniendo que Manuel informaba directamente de sus pesquisas a Molinghen. Cuarto yerro en sus recuerdos. En verdad Manuel tenía contactos, pero no en Badajoz, sino en una población cercana a Alconchel. Nos referimos a Barcarrota, defendida por el capitán Francisco Pérez, gobernador que había trabado amistad con Acuña, y fruto de la cual surgió la propuesta de rendición y entrega. Quinto error.
Insistimos en que todo esto ocurría realmente en 1647, y no en 1653, tal como nos dice Mateo.
Parece que Manuel no estaba plenamente satisfecho con su cargo de gobernador (ya desde el mismo estallido de la guerra en diciembre de 1640, había mostrado su descontento con la causa bragancista, si bien aceptó seguir sirviendo al nuevo monarca, pero guardando en secreto sus contactos castellanos), y aprovechando el contacto de Francisco, quiso pasar a Castilla con toda su familia, pues pensaba que ofreciendo la plaza obtendría el beneplácito castellano para admitirle, e incluso gozar de ciertas prebendas en recompensa. Según Mateo, Acuña directamente pretendía huir. Sexto error, pues ya sabemos que tenía un propósito: pasar a Castilla.
Molinghen, siendo informado de la propuesta de rendición, hizo convencer a Manuel para que continuará en su cargo, pues de esa manera podría ofrecerle información y llegado el momento de ejecutar el plan, resultaría mucho más sencillo culminarlo.
A partir de aquí es dónde se mezclan ambos relatos: el de documento de archivo, y el de los recuerdos de Mateo, generando dudas.
La historia que Mateo escucho sobre el trato que Manuel hizo con otro soldado portugués es a destacar. Este previamente había huído a Castilla tras cometer un crimen. Hay que suponer que ambos vivían en Badajoz, dónde se conocieron, y estaban pendientes de recibir la orden para guiar a los castellanos y conquistar Alconchel.
Pero los documentos no avalan este relato, pues lo que destacan es que Manuel no había pasado a Castilla, sino que continuo gobernando el castillo e informando en secreto para entregarlo a Molinghen. Parece que debió ser en ese interín de intercambio de datos y planificación cuando conoció al soldado huido, al cual convenció para unirse a citado plan.
Las idas y venidas, sumado a ciertos rumores, levantaron sospechas en los mandos portugueses, que pusieron en la diana a Manuel, haciéndolo preso en la cárcel de Elvas. Cabe imaginar que, quizás, fuera una delación del soldado amigo de Manuel, ya conocedor del intento, quién diera aviso del plan orquestado, o sea, que tal como nos cuenta Mateo, fuera entonces cuando decidió regresar a Portugal, y para ser perdonado por su asesinato contará lo que sabía, acudiendo a Olivenza con el aviso que puso en alerta a las tropas.
Retomando nuestra idea, obviamente el encarcelamiento dio al traste con los planes de ganar Alconchel; aún así, Molinghen intento mantener el plan activo, e incluso hizo lo posible por liberar a Acuña <<…de cuia prision yntento romper e sacar los castellanos que estauan en ella, y passarse assi a estos Reynos…>>, palabras que declaró Manuel años después. Pero no lograron su libertad.
Condenado a muerte, parece que Acuña obtuvo algún tipo de apoyo, porque se le conmuto la pena de muerte por la de destierro tras pasar tres años en prisión, lo cual nos sitúa cronológicamente en 1650. Lo enviaron a Angola, y de regreso al año siguiente (1651) fue nuevamente preso, pero en esta ocasión lo hicieron los ingleses. Libertado, en 1652 le encontramos en Elvas. Aquí se reúne con su esposa e hijo, que le estaban esperando. Cabe mencionar que Mateo habla de 5 matrimonios, uno de ellos, el último, precisamente en Elvas, y con dos hijos, en vez del único que cita Manuel en su biografía. Séptimo error, aunque aquí podemos otorgar a Mateo la ventaja de la duda. Para entonces ya se debía estar añadiendo nuevos datos al relato popular.
La idea de Manuel está clara. Quiere dejar su vida en Portugal y pasarse con su familia a Castilla. Lo tiene complicado, pues a pesar de haber cumplido la pena que se le impuso por su intento de traición, todavía le vigilan de cerca, sobrellevando como mejor puede el desprecio de sus paisanos.
Con evidente peligro, por fin logran su objetivo, y durante el verano de 1652 consiguen cruzar la frontera y presentarse en Badajoz, dónde gobierna el marqués de Leganés, el cual, tras conocer el periplo de Manuel y valorando los servicios y méritos ofrecidos en tiempos de Molinghen, le acoge favorablemente, concediéndole el mando de una compañía de arcabuceros, ayuda de 50 escudos mensuales, y la esperanza de un hábito de cualquiera de las Órdenes, amén de otros premios.
Entonces…
¿Qué pasa con el relato de Mateo y la historia del segundo confidente gracias a cuyo arrepentimiento no se logró tomar Alconchel?
Tras analizar la Memoria biográfica de Manuel de Acuña y contrastarla con la narración de Mateo, aparte de encontrar las diferencias (errores que adjudicamos al revoltijo de recuerdos de Mateo, tal como ya se explico) que ya hemos manifestado, nuestra opinión es que el intento sobre Alconchel tuvo lugar en 1647, que no se logró y que a partir de entonces hubo sospechas sobre Manuel, siendo preso por ello tres años, enviado a Angola, preso de nuevo, regresado y huido finalmente a Castilla.
Creemos que el contubernio entre Acosta y el soldado acusado de asesinato, se fraguó en aquel año de 1647, durante alguno de los viajes que realizó Manuel, tanto a Badajoz como a la corte madrileña para ultimar los detalles del plan.
Entre 1645 y 1647 encontramos referencias a sucesos de guerra en torno a la plaza alconchelera, más ninguno parece afirmar que el intento era ganar el castillo, sino llevar a cabo robos y destrozo del campo, como era habitual en las numerosísimas escaramuzas de cada día. Cabe la posibilidad de que una de ellas fuera la causa en que se apoya el relato de Mateo, incorporando luego datos que se iban conociendo poco a poco sobre los personajes, y que de ahí surja lo inconexo del mismo. Sí sabemos que en torno al verano de 1647, y bajo liderato de Molinghen, una de aquellas escaramuzas tuvo mayor repercusión que el resto. Por eso hemos planteado tal fecha al situar el intento frustrado.
Al contrario, en 1653 no hay noticia alguna que cite Alconchel entre los objetivos del ejército castellano, ni tampoco del reclutamiento de tropas para encaminarlas hacía algún otro lugar de Portugal. Puede ser que, en caso de ser cierto el intento del verano de 1653 sobre Alconchel, y que éste resultará fallido, tal como nos lo narra Mateo, las fuentes castellanas silenciaran su derrota. Pero no lo creemos así, porque de una u otra forma, debería haber quedado alguna constancia, directa o indirecta, si no del intento en sí, al menos del movimiento de tropas para llevarlo a cabo, tal como sucede en cualquier otro acontecimiento, según nuestra experiencia de documentación de archivo.
Solamente a finales de año se observa actividad militar, comprobanda documentalmente por parte de ambos bandos, con los combates de Arronches y correría sobre el Valle de Matamoros.
En definitiva, sin minimizar la importancia del relato de Mateo, que nos sigue atrayendo y utilizando como fuente primordial, pensamos que se deben puntualizarse sus recuerdos, ubicándolos en las fechas y lugares correctos, tal como nos dicen los documentos oficiales. No obstante, y a la espera de nuevos datos que aporten luz a este mar de dudas, dejemos que la pluma de nuestro soldado siga conduciéndonos hacia esa lectura agradable y un tanto romántica de sus aventuras.
Na minha resposta, fiz referência ao Conde da Ericeira, como a seguir exponho:
De facto, Mateus Rodrigues confunde por diversas vezes os anos e os meses dos acontecimentos. Mas no caso da intenção de tomar o castelo de Alconchel em 1653, o próprio Conde da Ericeira se lhe refere, ainda que de forma muito sucinta:
“Poucos dias depois de derrotar esta companhia, lhe chegou aviso [ao comissário geral francês Duquesne] por um soldado português que fugiu das tropas castelhanas, de que o tenente-general Ibarra (que já estava livre da prisão, por se haver ajustado troco geral de prisioneiros) marchava a interprender a praça de Alconchel; empresa fomentada por Manuel da Cunha, português, que servia de capitão de cavalos em Badajoz. Tanto que Duquesne teve esta notícia, socorreu tão prontamente Alconchel, que constando a Ibarra a sua diligência, se retirou sem intentar a empresa.” (Ericeira, História de Portugal Restaurado, Lisboa, na oficina de Domingos Rodrigues, 1751, Parte I, Tomo II, Livro XII, pg. 411).
Como muito bem refere Juan Antonio Caro del Corral, a memória de Mateus Rodrigues não é muito firme no recordar as datas exactas de certos acontecimentos e é muito provável que tenha feito alguma confusão entre os pormenores que apontaste para 1647 e este episódio de 1653, para além de embelezar o seu discurso, aqui e ali, com a vox populi. Todavia, em outras ocasiões o seu testemunho é corroborado por fontes coevas, sem o colorido que ele acrescenta à narrativa.
Por fim, fica aqui a hipótese avançada por Juan Antonio:
Efectivamente, había leído lo que dice Ericeira al respecto, pero según el testimonio de Acuña, otorgado en Badajoz a comienzos de 1653, ya se había malogrado el intento castellano de tomar Alconchel cuando el susodicho aún estaba al frente de su gobierno militar. Y eso me lleva, según la cronología de su Memorial, aunque no cita el año, pero restando los que él contabiliza desde que sospecharon y le pusieron preso, a la fecha de 1647, además, el citar a Molinghen y al capitán Pérez como sus interlocutores en el trato, corroboran dicha datación, pues fue entonces, y no después (1653), cuando ambos aparecen fungiendo sus respectivos cargos.
No obstante, y tomando a Ericeira como base, pudo muy bien ocurrir todo lo que he narrado en el comentario original, es decir, que en 1647 Acuña se ofreciera a la entrega aprovechando que era el gobernador de la plaza; que a raíz de ello sospecharan y lo encarcelarán, dándose al traste la operación. Que Acuña fuera sentenciado a muerte en el juicio por el delito de traición, pero conmutándoselo por la pena de exilio en Angola, dónde estuvo 3 años. A su regreso, el navío fue atacado por ingleses, que nuevamente le hicieron preso, logrando quedar libre tiempo después, para regresar a Portugal, dónde no debió sentirse seguro por todos sus antecedentes, decidiendo entonces pasar a Castilla. Supongo que fue en esta segunda etapa portuguesa cuando entro en contacto, otra vez, con las autoridades, en esta ocasión el marques de Leganés, quien tras ver su hoja de servicios recupero la sorpresa de Alconchel pidiendo a Acuña, al cual se le había concedido puesto en una compañía, que liderase el operativo guiando a las tropas españolas, siendo acompañado por el recién liberado Ibarra. Pero, tal como nos dice Mateo y corrobora Ericeira, de nuevo el plan se vino abajo por la delación de un supuesto amigo de Acuña.
Mis dudas sobre todo son si ese amigo corresponde a esta segunda etapa, o es un recuerdo del primer intento fallido, cuando descubrieron el plan de Acuña; descubrimiento que, quizás, se debiese al chivatazo de ese supuesto amigo.
Toda la documentación simanquina que he manejado no menciona en ningún momento la segunda intentona; sólo, en todo el año 1653, se cita a Manuel de Acuña al comienzo del mismo, es decir, en enero, con un Memorial en el cual relata sus servicios esperando recibir gracia del marqués de Leganés. Y de ese Memorial es donde tomo los datos para mi hipótesis de 1647.
Pero, insisto, pudiera ser que en 1653 se retomará lo que falló en 1647.
Cuestión distinta es que Mateo reúna en un mismo relato hechos y circunstancias que ocurrieron en dos momentos distintos, aprovechándose de que ambos tenían el mismo objetivo y también casí idénticos protagonistas.
Espero que en mi próxima visita al archivo, que será en breve, pueda localizar nuevas noticias que disipen las dudas al respecto de este interesante acontecimiento.
Da minha parte, não tenho em minha posse quaisquer documentos que aludam ao episódio, mas irei em breve pesquisar no Arquivo Nacional da Torre do Tombo sobre este evento, em demanda de mais pormenores sobre Alconchel (em 1647 e 1653).
A única referência a Alconchel que encontrei, entre o que possuo, é uma carta de D. João da Costa, governador das armas do Alentejo, para D. João IV, reproduzida nas Cartas dos Governadores da Província do Alentejo a El-Rei D. João IV e a El-Rei D. Afonso VI, (publ. P. M. Laranjo Coelho, Lisboa, Academia Portuguesa da História, 1940, vol. II, pgs. 226-227) e datada de 17 de Dezembro de 1653. Nada, porém, sobre qualquer tentativa de tomada da praça, mas somente a recomendação de ser atribuído o governo da mesma ao veterano capitão de cavalaria holandês van Inguen, cuja enfermidade (sofria de gota) o impedia há anos de montar a cavalo, mas no qual era reconhecida a competência para governar Alconchel. Todavia, não chegou a ocupar tal cargo, pois foi dispensado do serviço por motivos de saúde em 1654, passando a receber soldo por entretenimento (ou seja, uma pensão de reforma).
Imagem: Assalto das forças portuguesas a Alconchel, em 1642. Gravura inclusa em VARELA, Aires, Sucessos que ouve nas fronteiras de Elvas, Olivença, Campo Maior e Ouguella, o segundo anno da Recuperação de Portugal que começou em 1º de Dezembro de 1641 e fez fim em o ultimo de Novembro de 1642, Elvas, Typografia Progresso de António José Torres de Carvalho, 1906 (2ª edição).